A veces hasta Morena tiene un poco de conciencia

Por una vez, y aunque parezca increíble, en Morena parece haber aparecido un pequeño destello de sentido común.

No hay que exagerar. Estamos hablando de Morena, de un partido que ha construido buena parte de su discurso político sobre la polarización, la confrontación y la descalificación de sus adversarios. Pero hay ocasiones en que hasta los partidos más disciplinados por el poder tienen que detenerse, mirar los números, medir los riesgos y entender que hay decisiones que simplemente pueden salir demasiado caras.

Eso ocurrió antier en Chihuahua.

Morena decidió que su coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional será Cruz Pérez Cuéllar, dejando en el camino a la senadora Andrea Chávez. La decisión fue anunciada este lunes 28 de septiembre y con ella Morena cerró su proceso interno rumbo a 2027.

¿Es Cruz Pérez Cuéllar un candidato sin cuestionamientos?

Por supuesto que no.

Cruz llega con una trayectoria política larga, con antecedentes partidistas diversos y con suficientes asuntos polémicos como para que la oposición tenga material de sobra para cuestionarlo. Su designación no significa que Morena haya escogido a un candidato intachable.

Pero hay una diferencia fundamental.

Una cosa es escoger a un candidato con flancos políticos conocidos y otra muy distinta es entregar la campaña al adversario prácticamente con el expediente bajo el brazo.

Y ahí está, precisamente, la lectura interesante de la decisión de Morena.

Porque durante meses Andrea Chávez fue uno de los rostros más visibles de la disputa interna por la candidatura. Su figura generó una enorme exposición pública y alrededor de ella se acumularon señalamientos, controversias y cuestionamientos políticos que sus adversarios seguramente habrían utilizado durante una campaña constitucional.

Morena decidió no correr ese riesgo.

Y quizá, sólo quizá, por una vez hubo alguien que entendió que ganar una interna no necesariamente significa ganar una elección.

El espejo está enfrente del PAN

Y aquí es donde la historia de Morena debería servirle de lección al Partido Acción Nacional en Chihuahua.

Porque mientras Morena acaba de tomar una decisión para reducir sus propios flancos de ataque, dentro del PAN todavía hay quienes parecen empeñados en hacer exactamente lo contrario.

La discusión sobre la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua no debería reducirse a quién tiene más amigos, quién tiene más estructura, quién tiene más grupos o quién lleva más tiempo buscando la candidatura.

Debería comenzar con una pregunta mucho más sencilla:

¿Quién puede enfrentar una campaña de Morena sin llegar con una piedra amarrada al cuello?

Porque ya vimos antenoche cuál será el discurso de Morena en Chihuahua.

Durante el acto donde fue presentado Cruz Pérez Cuéllar, la dirigencia morenista volvió a utilizar la acusación de que la gobernadora Maru Campos es una “traidora a la patria”.  Incluso Ariadna Montiel insistió en ese señalamiento durante el evento.

Ese parece ser uno de los principales argumentos que Morena pretende utilizar contra el gobierno estatal.

Pero el problema para Morena es que ese discurso necesita algo más que repetir una frase.

Necesita pruebas, contexto y credibilidad.

Y mientras Morena insiste en esa narrativa, la realidad ofrece otros elementos.

El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, reconoció públicamente el trabajo del secretario de Seguridad Pública de Chihuahua, Gilberto Loya, y de su equipo después del ataque contra un helicóptero de la Policía Estatal. La propia gobernadora respondió agradeciendo el reconocimiento y reiterando el compromiso de Chihuahua con la seguridad.

Es decir: mientras el discurso político pretende convertir a Maru Campos en una supuesta enemiga de México, desde la representación diplomática estadounidense se está reconociendo públicamente el trabajo de las autoridades de Chihuahua en materia de seguridad.

Eso no elimina las diferencias políticas ni convierte automáticamente a nadie en dueño de la verdad.

Pero sí demuestra que el discurso de Morena tendrá que enfrentarse a una realidad bastante más compleja que una consigna.

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Por eso resulta difícil entender que dentro del PAN todavía haya quienes pretendan empujar a César Jáuregui como candidato a la Presidencia Municipal de Chihuahua sin considerar el escenario completo.

Aquí no se trata de descalificar a Jáuregui como persona ni de negar su trayectoria.

Se trata de política.

Y en política hay algo que nunca debe olvidarse:

el adversario escoge por dónde atacarte.

Jáuregui renunció en abril a la Fiscalía General del Estado con carácter irrevocable, después de reconocer omisiones en la información y gestión institucional relacionadas con la presencia de personas que se identificaron como funcionarios extranjeros durante un operativo. Él mismo asumió responsabilidad política por esas omisiones y dejó el cargo para permitir que las investigaciones avanzaran.

Posteriormente compareció ante la Fiscalía General de la República en calidad de testigo por ese mismo asunto.

Eso es un hecho.

Lo demás, lo que Morena pueda hacer políticamente con ese expediente, lo que pueda intentar reactivar o convertir en bandera electoral,  pertenece al terreno de los escenarios y no debe presentarse como algo inevitable.

Pero precisamente por eso existe una pregunta que el PAN debería hacerse desde ahora:

¿Para qué regalarle al adversario un flanco de ataque tan evidente?

Morena no va a tener ninguna consideración.

Va a utilizar todo lo que tenga disponible.

Y si durante la campaña puede convertir la salida de Jáuregui de la Fiscalía, las investigaciones posteriores y todo lo relacionado con aquel episodio en el eje de una ofensiva política contra el PAN, evidentemente lo hará.

No porque sea necesariamente justo.

Sino porque así funciona una campaña electoral.

El PAN necesita entender el mensaje

Lo ocurrido ayer en Morena debería servir como espejo.

Los morenistas dejaron fuera a Andrea Chávez no porque Cruz Pérez Cuéllar sea un candidato perfecto. Tampoco porque no tenga cuestionamientos.

Lo hicieron porque, aparentemente, concluyeron que era políticamente más conveniente avanzar con otro perfil.

Y quizá el PAN debería tener la misma frialdad.

No se trata de sentimientos.

No se trata de amistades.

No se trata de quién merece una candidatura.

Se trata de quién puede cargar con una campaña completa, resistir los ataques, defender al partido, defender a Chihuahua y no permitir que toda la elección termine girando alrededor de un solo expediente o una sola controversia.

En ese escenario aparece un nombre que merece ser considerado seriamente: Santiago De la Peña Grajeda.

No como una imposición.

No como una candidatura decidida de antemano.

Sino como un perfil que, por su trayectoria en el servicio público y su actual responsabilidad como secretario general de Gobierno, representa una alternativa distinta dentro del tablero panista.

La pregunta para Acción Nacional debería ser muy sencilla:

¿Quieren escoger candidato para ganar una interna o quieren escoger candidato para enfrentar una elección?

Porque no necesariamente es lo mismo.

Y 2027 no va a ser una elección cómoda.

Morena ya escogió a Cruz Pérez Cuéllar. Va a atacar a Maru Campos. Va a intentar convertir cualquier error del gobierno estatal en una bandera. Y seguramente buscará que la elección municipal sea también un plebiscito sobre la administración panista.

Ante eso, el PAN necesita algo más que unidad de fotografía.

Necesita unidad estratégica.

Si César Jáuregui tiene un grupo que lo respalda, ese grupo debe entender que una candidatura no se trata solamente de la voluntad de quienes la impulsan.

La prioridad debería ser encontrar al perfil que permita al PAN competir con el menor número posible de flancos abiertos.

Porque mientras Morena acaba de demostrar que puede decirle “no” a uno de sus propios aspirantes cuando considera que existen razones políticas para hacerlo, en el PAN todavía parecen empeñados algunos en convertir una candidatura en una batalla interna.

Morena ya escogió a Cruz.

Ahora le toca al PAN escoger con inteligencia.

Y quizá la lección más importante que dejó la noche del lunes no fue que Cruz Pérez Cuéllar derrotó a Andrea Chávez.

La verdadera lección fue otra:

hasta un partido como Morena puede entender que hay momentos en los que la política exige dejar los intereses personales a un lado y pensar en la elección que viene.

Ojalá el PAN de Chihuahua también lo entienda a tiempo.

Porque 2027 no va a premiar al que tenga la candidatura más deseada.

Va a poner a prueba al que llegue mejor preparado para resistir el ataque.

 

JSL

By Chihuahua es mi tierra

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