La política de Chihuahua comienza a entrar en una etapa distinta.
El proceso electoral de 2027 todavía tiene muchos capítulos por escribir, pero algunas piezas empiezan a acomodarse sobre el tablero. Y entre ellas aparece una posibilidad que hace apenas algunos meses parecía prematura: Marco Bonilla y Santiago de la Peña como dos de los principales rostros del panismo para enfrentar la elección que definirá el rumbo político de Chihuahua.
No necesariamente como una fórmula electoral en términos jurídicos, eso dependerá de las decisiones partidistas y de los tiempos legales, sino como una dupla política capaz de representar dos espacios fundamentales: la capital y la disputa por el Gobierno del Estado.
Y ahí está precisamente la importancia del momento.
Marco Bonilla acaba de cerrar una etapa de cinco años al frente del Ayuntamiento de Chihuahua. Su salida definitiva de la Presidencia Municipal, aprobada este lunes por unanimidad del Cabildo, marca el comienzo formal de una nueva etapa política.
No se trata de un personaje improvisado.
Bonilla comenzó su trayectoria pública desde muy joven. Es abogado por la Universidad Autónoma de Chihuahua y ha pasado por distintas responsabilidades partidistas y administrativas, desde espacios vinculados con la atención a jóvenes hasta cargos en el Gobierno Municipal y la administración federal. En 2018 ocupó por primera vez la Presidencia Municipal como alcalde sustituto y posteriormente fue electo para encabezar la capital en 2021 y reelegido en 2024.
Su paso por la Alcaldía le permitió construir algo que en política resulta particularmente valioso: experiencia administrativa acompañada de exposición electoral.
Ahora tendrá que demostrar que esa experiencia puede trasladarse de la capital a todo el estado.
Porque gobernar Chihuahua capital y buscar gobernar los 67 municipios son responsabilidades políticas completamente diferentes.
Ahí aparece el segundo nombre.
Santiago de la Peña.
El actual secretario general de Gobierno representa otro tipo de perfil. Abogado, con estudios de posgrado en administración y políticas públicas y formación complementaria en instituciones como Harvard, IPADE y el Banco Interamericano de Desarrollo, ha ocupado responsabilidades tanto en el ámbito federal como en el Gobierno Municipal y el Gobierno del Estado.
Fue Oficial Mayor y posteriormente secretario del Ayuntamiento de Chihuahua; regresó a esa responsabilidad en 2021 y, desde enero de 2023, ocupa la Secretaría General de Gobierno.
Es decir, si Bonilla ha construido buena parte de su trayectoria desde la administración municipal y el contacto electoral directo, De la Peña ha desarrollado buena parte de la suya desde la operación política, la negociación y la conducción gubernamental.
Son perfiles distintos.
Y precisamente por eso la combinación resulta políticamente interesante.
Uno tiene como principal carta de presentación la experiencia al frente de la capital.
El otro ha estado en el centro de las decisiones políticas del Gobierno del Estado.
Uno conoce la operación territorial de un municipio que concentra buena parte del peso político y económico de Chihuahua.
El otro ha tenido que lidiar con alcaldes, grupos políticos, conflictos, negociaciones y la relación institucional entre el Estado y los municipios.
Capital y Estado. Administración municipal y operación política. Elección y gobierno.
Ahí está el verdadero atractivo de la dupla.
Pero hay otra razón por la que este escenario merece atención.
Morena ya comenzó a mover sus piezas rumbo a 2027. Cruz Pérez Cuéllar fue designado por su partido como coordinador estatal de la llamada Defensa de la Transformación, colocándolo como el perfil que encabeza esa ruta rumbo a la gubernatura.
Y el propio movimiento morenista ha comenzado a resolver sus posiciones en Ciudad Juárez, donde la senadora Andrea Chávez fue designada para encabezar la estructura de su partido rumbo a la elección municipal de 2027.
El tablero, por tanto, ya está en movimiento.
Pero hay algo que sería un error político para cualquier partido: pensar que una elección se gana solamente hablando del adversario.
Si el PAN pretende conservar el Gobierno de Chihuahua y mantener la capital, tendrá que presentar algo más que una campaña contra Morena.
Tendrá que presentar resultados, perfiles, propuestas y una narrativa de futuro.
Y ahí es donde Bonilla y De la Peña enfrentan su verdadero desafío.
Porque más allá de las etiquetas partidistas, la elección de 2027 tendrá que responder una pregunta mucho más sencilla:
¿Qué proyecto de Chihuahua quieren ofrecer a los ciudadanos?
No bastará con decir que se quiere evitar la llegada de Morena.
Tampoco será suficiente recordar los cuestionamientos que existen contra gobiernos o figuras de ese partido. Los señalamientos políticos deben sostenerse con hechos verificables y, cuando se trate de acusaciones, deben distinguirse claramente de las resoluciones judiciales o administrativas.
La competencia electoral tendrá que disputarse con argumentos.
Y eso obliga también al PAN a mirar hacia adentro.
La principal fortaleza de una dupla como la de Bonilla y De la Peña no estaría solamente en sus nombres, sino en la posibilidad de construir un proyecto que reduzca las divisiones internas y presente una oferta política coherente.
Porque si algo ha demostrado la política mexicana es que los partidos pueden perder elecciones no solamente por la fuerza de sus adversarios, sino por sus propias fracturas.
La unidad, sin embargo, tampoco significa ausencia de competencia.
El PAN tendrá que procesar legítimamente sus aspiraciones internas, definir reglas y seleccionar candidatos con transparencia. Bonilla y De la Peña tendrán que competir políticamente, convencer a sus correligionarios y, eventualmente, enfrentarse al escrutinio ciudadano.
Y tendrán que hacerlo bajo una lupa mucho más grande que la de cualquier elección anterior.
2027 no será una elección pequeña.
Estará en juego la gubernatura, los principales municipios y una parte importante del equilibrio político de Chihuahua.
Por eso la aparición de una posible dupla Bonilla-De la Peña resulta relevante.
Es relevante porque representa una hipótesis política que empieza a tomar forma: dos cuadros relativamente jóvenes, con años de experiencia dentro de las estructuras de gobierno y del PAN, podrían convertirse en piezas centrales de la estrategia panista para conservar espacios fundamentales en Chihuahua.
Bonilla acaba de dejar la Alcaldía para entrar en una nueva etapa política.
De la Peña continúa desde la Secretaría General de Gobierno en una posición estratégica.
El primero tendrá que demostrar que puede ampliar su proyecto más allá de la capital.
El segundo tendrá que demostrar que puede transformar experiencia política y administrativa en respaldo ciudadano.
Y ambos tendrán que responder al mismo reto:
convencer a un electorado que en 2027 tendrá más información, más opciones y, seguramente, menos paciencia con los discursos de siempre.
La política chihuahuense ya está entrando en territorio electoral.
Morena tiene sus cartas sobre la mesa.
El PAN comienza a acomodar las suyas.
Y en medio de ese movimiento, Bonilla y De la Peña aparecen como dos nombres que, por trayectoria y posición actual, difícilmente podrán quedar fuera de la conversación.
La verdadera historia apenas comienza.
Y esta vez, Chihuahua no solamente elegirá candidatos.
Elegirá qué proyecto político quiere para los próximos años.
