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En tiempos donde los partidos políticos se han convertido en marcas desgastadas, etiquetas polarizantes o simples franquicias electorales, hay un perfil de ciudadano que suele pasar desapercibido pero que resulta determinante en las urnas: el candidatista. ¿Quién es el candidatista? Es ese votante que no compra el “combo completo”. No vota por siglas, colores o narrativas nacionales. Vota por la persona. Analiza trayectorias, revisa antecedentes, observa resultados y, a partir de ahí, decide. No le interesa tanto el discurso ideológico del partido como la capacidad real del candidato. Y aunque a muchos dirigentes les incomode, esa postura tiene una enorme…
