La galopada rumbo a la presidencia municipal de Chihuahua ya empezó, aunque oficialmente nadie esté en campaña. Los aspirantes sonríen, recorren eventos, se dejan querer y niegan —con disciplina ensayada— que estén buscando la alcaldía. Pero todos lo saben: el 2027 se está cocinando ahora.
Y la capital no es cualquier municipio. Es el corazón político del estado. Quien gobierna Chihuahua capital no solo administra servicios: construye plataforma, proyecta liderazgo y marca rumbo estatal.
En el PAN suenan varios: Santiago de la Peña, César Jáuregui, Manque Granados, Rafa Loera y Alfredo Chavez. Morena también afila perfiles como Marco Quezada y Brenda Ríos. El PRI observa, calcula y decide si compite o negocia.
Pero hay un problema evidente: hasta ahora, el debate gira más en torno a quién quiere ser candidato que en torno a qué quieren hacer con la ciudad.
Y eso, para un electorado como el chihuahuense, es un riesgo.
Chihuahua capital presume estabilidad comparada con otras regiones del estado, pero la percepción de inseguridad nunca desaparece del todo. Basta un repunte delictivo o un caso mediático para sacudir la narrativa oficial.
El próximo alcalde no podrá improvisar. No bastará con decir que habrá coordinación. Se exigirá estrategia clara, resultados medibles y presencia territorial real. Aquí los perfiles con experiencia en gobierno, como Santiago de la Peña o Jáuregui, intentarán vender capacidad operativa. Morena, si quiere competir de verdad, tendrá que explicar cómo garantizaría seguridad sin convertir el municipio en campo de batalla político.
Porque en seguridad, el margen de error es cero.
Chihuahua dejó de ser una ciudad cómoda. El tráfico crece, las distancias se amplían y el transporte público sigue siendo deuda pendiente. La expansión urbana ha superado la planeación.
El discurso de pavimentar y tapar baches ya no alcanza. Se necesita visión metropolitana, inversión inteligente y decisiones que no siempre son populares. ¿Quién de los aspirantes se atreverá a plantearlo con claridad? Hasta ahora, silencio.
En la capital, la elección no se decide en redes sociales, sino en la experiencia cotidiana: basura que pasa o no pasa, parques iluminados o abandonados, calles transitables o destruidas.
El ciudadano capitalino puede simpatizar ideológicamente, pero vota con memoria. Si siente deterioro en su entorno, castiga. Si percibe mejora tangible, respalda.
Y ahí es donde el oficialismo tiene tanto ventaja como responsabilidad. Gobernar bien ayuda. Gobernar con desgaste pasa factura.
Chihuahua es fuerte en industria y servicios, pero enfrenta competencia regional y presión nacional. El próximo alcalde deberá ser gestor, no solo administrador.
¿Cómo atraer inversión sin improvisación?
¿Cómo apoyar al comercio local más allá del discurso?
¿Cómo evitar que los jóvenes profesionistas migren?
Quien no tenga respuesta clara a esto, no está listo para gobernar.
Hoy el PAN aparece arriba en los números. Pero las encuestas a año y medio de la definición real son fotografía, no sentencia. Morena tiene base sólida y narrativa nacional. El PRI puede inclinar balanza si decide jugar en alianza. Y siempre existe el factor sorpresa: desgaste, crisis o ruptura interna.
Santiago de la Peña representa un perfil técnico e institucional que podría atraer voto moderado. Pero la política no se gana solo con eficiencia administrativa; se gana con conexión emocional y narrativa convincente. Lo mismo aplica para cada aspirante que hoy recorre discretamente la ciudad y que debería pensar en una palabra clave: Credibilidad.
El 2027 no será una elección ideológica. Será una elección de confianza.
¿Quién garantiza seguridad sin estridencia?
¿Quién entiende que la movilidad es problema estructural?
¿Quién puede administrar sin soberbia?
¿Quién conecta con la ciudadanía sin parecer impostado?
En Chihuahua capital, la marca ayuda, pero no salva. El apellido pesa, pero no define. La estructura suma, pero no garantiza.
La elección no será de quien levante la mano primero, sino de quien convenza de verdad.
Y eso apenas empieza..
šλ. Chihuahua, es mi tierra!
