El día en que un pueblo de Chihuahua se volvió noticia mundial por una insólita plaga de ratas

Hace 21 años, Atascaderos, un pueblo serrano en el remoto municipio de Guadalupe y Calvo, al sur de Chihuahua, acaparó la atención nacional e internacional debido a una de las peores plagas de roedores que se recuerde en la región.

Se calcula que cada una de las 800 viviendas podía albergar hasta 200 roedores. Lo cual era situación crítica que simplemente no dejaba vivir en paz a los ciudadanos mientras su patrimonio y su salud peligraba día con día.

Los animales no solo devoraban las cosechas, sino que incluso atacaban animales de corral, y surgió un temor real por posibles riesgos sanitarios, así como del ataque a niños pequeños.

De hecho, una estrategia que implementó el gobierno municipal fue la de entregar cinco pesos a los niños por cada rata que mataran. Sin embargo, esto causó el descontento de los padres quienes respondieron que los niños que intentaran ganar la recompensa podrían ser atacados por los animales.

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300 gatos vs 250 mil ratas

Las autoridades estatales, federales y municipales declararon la crisis como emergencia sanitaria y comenzaron a coordinar acciones desesperadas: trampas, venenos, y hasta la “importación” de trescientos de gatos callejeros con la esperanza de que su instinto cazador redujera la población de roedores.

Sin embargo, ante la inmensa cantidad de animales, que se calcula rondaba el cuarto de millón, el uso de venenos fue contraproducente: además de matar a gatos, perros y otros depredadores naturales de las ratas, provocó un desequilibrio ecológico que, paradójicamente, facilitó la reproducción descontrolada de la plaga.

En el Congreso se presentó un punto de acuerdo para declarar a Guadalupe y Calvo “zona de desastre epidemiológico”, ante el riesgo para la salud de la población y la devastación de sus recursos agrícolas. Hasta que la plaga fue mermando, con el efecto de las diversas medidas en conjunto, y la incorporación de venenos especializados en el control de estos roedores.

Marginación y desequilibrio ecológico

Atascaderos no era hasta entonces un lugar conocido fuera de su región, siendo una comunidad aislada, en la Sierra Tarahumara, dedicada a la agricultura de subsistencia.

Pero la magnitud del problema, sumada a la imagen dramática de familias viviendo entre nidos de roedores, logró que medios de México y del extranjero informaran sobre la crisis.

Durante semanas, Atascaderos fue identificada con una plaga que parecía salida de una pesadilla: el “pueblo invadido por ratas”, un símbolo de vulnerabilidad, marginación y descuido institucional.

Hoy, al mirar atrás, la historia de Atascaderos nos recuerda la fragilidad de muchas comunidades rurales. Un desequilibrio ecológico, agravado por decisiones de urgencia, sin evaluación ambiental, como el uso indiscriminado de raticidas, puede desencadenar crisis sanitarias y sociales graves.

By Chihuahua es mi tierra

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