Cuando El Teatro Político Se Nota… Y El Silencio También

En Chihuahua ya no sorprende el ruido, sorprende quién lo provoca, quién lo administra y quién se beneficia. La reciente irrupción de una supuesta protesta “ciudadana” frente a Palacio de Gobierno dejó más preguntas que consignas y más sospechas que soluciones.

Porque cuando una manifestación dura exactamente dos días, paraliza el centro, apunta a funcionarios clave, roza a la Gobernadora y al tercer día aparece un funcionario estatal a “resolver”, no estamos ante una coincidencia: estamos ante un guion. Y los guiones, en política, siempre tienen autor.

Las miradas —con razón— se dirigieron hacia Rafael Loera, quien llegó puntual al tercer acto como quien apaga un incendio que no solo conoce, sino que parece haber anticipado demasiado bien. Para muchos, más que gestor, quedó la impresión de director de escena.

Aquí el punto no es si la protesta tenía demandas legítimas. El punto es el uso político del conflicto. Porque cuando alguien necesita incendiar para luego posar como bombero, lo que revela no es fuerza, sino desesperación. Y es que Loera juega hoy desde un lugar incómodo: Ansioso por figurar. Acelerado por los tiempos electorales. Y consciente de que sus posibilidades reales son cada vez más estrechas.

No trae narrativa propia, no trae estructura visible y no trae respaldo contundente. Trae, eso sí, viejas mañas recicladas, de esas que se aprendieron cuando el PRI enseñaba que el escándalo sustituía al trabajo. Cambiar de camiseta no siempre implica cambiar de prácticas.

Pero no se queda ahí.

Porque en toda esta historia hay otro personaje que no grita, no aparece, no se ensucia, pero tampoco mueve un dedo. Y en política, el silencio no siempre es neutralidad: muchas veces es cálculo.

Hay liderazgos que entienden que el desgaste ajeno les despeja el camino. Que mientras otros hacen el trabajo sucio, basta con observar, dejar correr el caos y esperar a que el polvo baje. No apagar incendios también es una decisión política. Y no intervenir cuando el conflicto conviene, también habla.

Así, Chihuahua se convierte en un tablero donde unos hacen ruido para existir y otros callan para capitalizar. Unos montan el teatro; otros esperan el aplauso final sin haber subido al escenario.

La pregunta no es quién gritó más fuerte. La pregunta es a quién le convino el ruido.

Porque cuando el conflicto parece armado, la solución parece oportunista y el silencio parece estratégico, lo único claro es que la ciudadanía vuelve a quedar al margen, usada como pretexto y no como prioridad.

En Chihuahua ya no basta con apagar fuegos ni con fingir que no existen. La política de verdad se hace con resultados, no con escenografías; con responsabilidad, no con oportunismo; y con verdad, no con ansiedad electoral. Y hoy, eso es justamente lo que más escasea.

En Chihuahua ya no engañan a nadie: el ruido delata la urgencia, el silencio revela el cálculo. Hay quienes arman el circo porque no traen proyecto y quienes callan porque el desgaste ajeno les acomoda. Ni el teatro salva a los desesperados ni el mutismo absuelve a los oportunistas

.La ciudadanía paga el boleto…pero ya aprendió a leer entre líneas.

By Chihuahua es mi tierra

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