En el PAN de Chihuahua hay una verdad incómoda que pocos quieren decir en voz alta: en 2027 ya no estará en la boleta el principal activo político que les dio la victoria en 2021.
Maru Campos no solo ganó una elección; arrastró una narrativa, capitalizó el desgaste de sus adversarios y logró conectar con un electorado que buscaba alternancia y cambio de rumbo. Su figura fue, en muchos sentidos, el eje de aquella victoria.
Ese escenario ya no existe.
Hoy, el PAN enfrenta una elección completamente distinta, sin ese “efecto Maru” que en su momento alineó estructura, narrativa y voto ciudadano. Y lo más preocupante es que hay quienes dentro del propio partido siguen actuando como si ese respaldo aún estuviera intacto.
Mientras Morena avanza con claridad en su ruta rumbo a 2027, posicionando perfiles y consolidando estructura, en el panismo local hay actores atrapados en una burbuja de percepción.
La política convertida en redes sociales.
La gestión reducida a imagen.
Y la estrategia sustituida por la inercia.
Creer que la elección se puede ganar con presencia digital, eventos y discursos optimistas es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, suicida.
Nombres hay… ¿proyecto también?
El PAN tiene cartas visibles: Marco Bonilla, Daniela Álvarez, Gil Loya y Jesús Valenciano, entre otros perfiles que comienzan a moverse en el escenario estatal. Pero la pregunta de fondo no es quién quiere, sino quién puede.
Porque sin una figura con el nivel de posicionamiento y conexión que tuvo Maru Campos en 2021, la competencia se vuelve más cerrada, más exigente y mucho más vulnerable.
Del otro lado, Morena no parte de cero. Figuras como Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez llevan tiempo construyendo presencia, discurso y estructura. Y eso, en una elección cerrada, pesa.
Pero si algo puede terminar de complicar el panorama para el PAN, no es el crecimiento de Morena, sino su propia fragmentación.
Grupos internos que compiten antes de tiempo.
Proyectos personales por encima del colectivo.
Y una falta de operación política que impide construir una candidatura de unidad.
La lección es básica, pero parece olvidada: ninguna elección competida se gana dividido.
El Chihuahua de 2021 no es el de 2027.
El electorado ya no es el mismo.
Y el contexto nacional tampoco.
Insistir en las mismas fórmulas, los mismos operadores y la misma narrativa puede convertirse en el error más costoso. El famoso “pan con lo mismo” ya no alcanza… y podría no alcanzar nunca más en las condiciones actuales.
Si el PAN pierde Chihuahua en 2027, no será únicamente por el avance de Morena. Será, en gran medida, por no haber entendido que esta elección se juega sin su mayor activo electoral reciente.
Sin el efecto Maru.
Sin margen para la soberbia.
Y sin espacio para la simulación.
Porque en política, cuando se pierde el piso de la realidad, lo siguiente que se pierde es la elección.
Y hoy, en Chihuahua, hay quienes siguen caminando como si 2021 todavía estuviera vigente… cuando en realidad, ese capítulo ya se cerró.
Σλ
