En política, como en las viejas peregrinaciones, no siempre llega primero quien inicia adelante. Muchas veces termina imponiéndose quien mantiene el paso, resiste las tormentas y entiende que las victorias importantes se construyen con paciencia.
Eso parece estar ocurriendo en el PAN de Chihuahua.
Hace apenas unos meses la conversación giraba alrededor de otros nombres. Algunos aparecían como favoritos naturales, otros presumían estructuras políticas consolidadas y varios más confiaban en que las circunstancias terminarían acomodándose a su favor. Sin embargo, conforme se acerca el momento de las definiciones, el tablero comienza a mostrar una realidad distinta.
Hoy, para quienes observan de cerca la sucesión municipal de Chihuahua capital, la competencia interna parece haberse reducido a cuatro perfiles: Santiago de la Peña, Manque Granados, Alfredo Chávez y Alan Falomir. Todos con méritos propios, todos con fortalezas particulares, pero sólo uno mantiene una curva de crecimiento constante. Ese es Santiago de la Peña.
No se trata de una construcción artificial ni de una candidatura impulsada por la estridencia. Su ascenso responde a una lógica política sencilla: mientras otros concentraban esfuerzos en la disputa interna, De la Peña siguió haciendo lo que ha hecho durante los últimos años, trabajar desde la Secretaría General de Gobierno, construir acuerdos y mantener estabilidad en momentos especialmente complejos para Chihuahua.
La política suele premiar a quienes generan confianza y castigar a quienes se adelantan a los tiempos. Santiago entendió desde hace mucho que la mejor campaña es el desempeño cotidiano. Por eso, mientras otros aparecían en la discusión pública como aspirantes, él se concentró en consolidar resultados y acompañar a la gobernadora Maru Campos en los momentos más difíciles de su administración.
El contexto tampoco es menor.
El llamado “Caso Chihuahua” terminó fortaleciendo a la gobernadora Campos frente al panismo nacional. Lo que Morena pretendió convertir en una ofensiva política acabó generando una cerrada defensa de la mandataria por parte de los liderazgos nacionales de Acción Nacional. Hoy, Maru Campos es uno de los principales referentes opositores del país y conserva una influencia determinante en las decisiones políticas de su partido.
En ese escenario, la pregunta relevante ya no es quién quiere ser candidato, sino quién garantiza continuidad, estabilidad y competitividad electoral.
La respuesta comienza a reflejarse en distintas mediciones demoscópicas. Los números muestran a Santiago de la Peña encabezando las preferencias internas del PAN y creciendo también en los escenarios de competencia constitucional. Más importante aún, es el único perfil que mantiene una tendencia ascendente sostenida.
Mientras algunos actores parecen haber entrado en una etapa de desgaste o confrontación interna, De la Peña proyecta serenidad, institucionalidad y capacidad de diálogo. Son atributos que suelen pasar desapercibidos en tiempos de confrontación, pero que adquieren enorme valor cuando llega el momento de gobernar.
Por supuesto, falta mucho camino por recorrer. En política ninguna candidatura se gana por anticipado y los tiempos formales aún están lejos. Pero también es cierto que los liderazgos auténticos comienzan a perfilarse mucho antes de que aparezcan las boletas.
Por ahora, el PAN de Chihuahua parece acercarse a una conclusión evidente: la sucesión municipal ya no gira alrededor de quién tiene más aspiraciones, sino de quién ha construido mejores condiciones para ganar.
Y en ese recorrido, paso a paso, sin prisas y sin sobresaltos, Santiago de la Peña parece haber encontrado su camino.
El Camino de Santiago.
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