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May
Durante muchos años en México bastaba con portar ciertas siglas para sentirse competitivo. Había partidos que prácticamente ganaban solos. El candidato importaba poco; la marca hacía el trabajo. El ciudadano votaba por tradición, identidad o simple rechazo al adversario. Pero esa realidad cambió. Hoy, en plena era del desencanto político, cada vez son más los ciudadanos que dejaron de votar por partidos y comenzaron a votar por personas. Y quizá ahí radica uno de los principales problemas de muchos políticos actuales: siguen creyendo que el logotipo en la boleta pesa más que el perfil que representan. En Chihuahua, las recientes…
