La honorabilidad NO tiene partido

Como cada tres años, Chihuahua comienza a entrar en ese tiempo en el que abundan las promesas, los destapes, las encuestas y los discursos cuidadosamente elaborados. Poco a poco los partidos irán presentando a quienes aspiran a gobernar municipios, ocupar una diputación o encabezar el estado en 2027. Sin embargo, hay una lección que los ciudadanos no deberían olvidar.

La corrupción no tiene color.

Sería un grave error pensar que la deshonestidad pertenece exclusivamente a un partido político. La historia reciente demuestra exactamente lo contrario. En todos los institutos políticos existen mujeres y hombres honorables que han servido con dignidad, pero también abundan los impresentables: corruptos, demagogos, oportunistas, convenencieros y políticos que cambian de camiseta con la misma facilidad con la que cambian de discurso.

Los hay que ayer juraban lealtad a una causa y hoy abrazan otra, convencidos de que la memoria ciudadana dura menos que una campaña electoral. Los hay que prometen combatir los privilegios mientras viven de ellos. Los hay que hablan de honestidad con expedientes cuestionables y los hay que convierten la política en un negocio familiar.

Pero el problema no termina ahí.

También existen quienes, desde la militancia o el activismo, justifican cualquier atropello siempre que provenga del partido que simpatizan. Defienden lo indefendible, minimizan la corrupción de los suyos y condenan con severidad la de los adversarios. No defienden principios; defienden colores.

Y esa actitud es igual de dañina para la democracia.

Porque mientras haya ciudadanos dispuestos a perdonar todo a “los de casa”, ningún partido tendrá incentivos para mejorar la calidad de sus candidatos.

Chihuahua no es la excepción.

Aquí también conviven perfiles preparados, honestos y con auténtica vocación de servicio, junto a personajes cuya principal habilidad ha sido sobrevivir políticamente brincando de cargo en cargo, acumulando escándalos o construyendo carreras sobre el influyentismo antes que sobre resultados.

Por eso, rumbo al 2027, el debate no debería centrarse únicamente en qué partido ganará la elección. La verdadera discusión debe ser quién merece representar a los ciudadanos.

El próximo candidato, sea del PAN, Morena, PRI, Movimiento Ciudadano o cualquier otra fuerza política, tendría que acreditar, cuando menos, requisitos básicos de honorabilidad: una trayectoria limpia, congruencia entre lo que dice y hace, capacidad para gobernar, independencia frente a intereses particulares, preparación suficiente para el cargo y un compromiso comprobable con el servicio público.

No debería ser mucho pedir.

Sin embargo, en un país donde durante años se ha normalizado premiar la lealtad partidista por encima del mérito, exigir honorabilidad parece una exigencia extraordinaria.

Los ciudadanos tienen en sus manos la posibilidad de cambiar esa lógica. Dejar de votar por reflejo, por tradición familiar o por enojo momentáneo. Analizar perfiles antes que logotipos. Revisar trayectorias antes que eslóganes. Exigir resultados antes que promesas.

Porque las boletas electorales llevan emblemas de partidos, pero quienes gobiernan son personas.

Y cuando esas personas fallan, no fracasa un color.

Fracasamos todos.

Σλ

By Chihuahua es mi tierra

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