THE ROLLING STONES – ‘Foreign Tongues’

¿Hasta cuándo puede durar una banda de rock’n’roll? The Rolling Stones siguen empeñados en desafiar la lógica del paso del tiempo en una especie de experimento sociológico que no parece tener fin.

Más que nadie, los Stones han definido el rock’n’roll tal como lo entendemos y, cada año que sigan en activo, seguirán batiendo un récord —¡64 años de carrera!— que parece ya inalcanzable para cualquier otro grupo que intente seguirles el ritmo. Por eso me cuesta entender que no apreciemos simplemente la existencia de un nuevo disco suyo como algo extraordinario.

Quizá porque, como muchos, pensé equivocadamente que Blue & Lonesome (2016) iba a ser su álbum final —hasta cierto punto, hubiera sido bonito—, me he tomado Hackney Diamonds y, aún más, Foreign Tongues como dos regalos inesperados y, por ese motivo, reconozco que me cuesta ponerles muchas pegas.

En muchos aspectos, Foreign Tongues podría tomarse como una secuela de su predecesor, y no solo porque algunas canciones salieran de las mismas sesiones o porque Andrew Watt repita como productor (más sobre él en unas líneas), dándoles una pátina de modernidad —aunque aquí sin abusar tanto de la compresión—, sino porque, conceptualmente, el enfoque es muy parecido.

De nuevo, la banda juguetea con varios estilos que ha ido practicando a lo largo de las décadas —desde el rhythm and blues al country, pasando por el rock con toques funky— y, de nuevo, aparecen varios invitados pintorescos (Paul McCartney, Robert Smith, Bruno Mars, Chad Smith, Benmont Tench…) cuyo papel pesa más a la hora de rellenar la hoja de prensa que en el resultado final. Y, si aquel terminaba con una toma acústica de ‘Rolling Stone Blues’, de Muddy Waters, este lo hace con ‘Beautiful Delilah’, de Chuck Berry.

Su 25.º álbum también confirma que Mick Jagger ha tomado las riendas y no piensa soltarlas. Y sospecho que a Keith Richards, por salud o por cansancio, ya le va bien. Es verdad que, en algunos momentos, Foreign Tongues suena más como un álbum en solitario suyo que como uno de la banda, pero, qué queréis que os diga, siempre preferiré Wandering Spirit a Bridges To Babylon. Y en Watt el cantante ha encontrado al socio ideal. No tengo pruebas, pero la sensación es que Jagger le presenta algunos riffs o esbozos de estrofas y el productor les da forma y escribe los estribillos. Ese toque más pop huele a Watt, pero a mí me funciona de maravilla. Sé que algunos de los fans de siempre lo tienen cruzado, pero me costaría pensar en alguien que sepa motivarlos tan bien y sacarles este rendimiento.

Es asombroso escuchar a este Jagger revitalizado, que a sus 82 años suena suelto y más chulo que un ocho en poderosos temas como ‘In The Stars’, ‘Jealous Lover’, ‘Divine Intervention’ o ‘Never Wanna Lose You’ —con un groove de lo más molón—; en la más agresiva ‘Hit Me In The Head’, o en la country ‘Ringing Hollow’, una carta de desamor a esos Estados Unidos que le fascinaron de adolescente.

En el lado más sensible encontramos ‘Some Of Us’, la clásica balada de Keith Richards, con el aliciente de que Jagger aparece dándole réplica en algunas frases, y ‘Back In Your Life’, que en manos de Aerosmith podría haberse convertido en una power ballad de radiofórmula. Personalmente, hubiera quitado la versión de Amy Winehouse (‘You Know I’m No Good’) y tampoco me acaban de convencer ‘Mr. Charm’ y ‘Covered In You’. Así tendríamos un álbum más conciso, pero aquí reconozco cositas de Some Girls, de Tattoo You y de Steel Wheels que le añaden atractivo.

The Rolling Stones no son la banda de mi vida, pero han estado ahí toda mi vida. Y, al paso que van, igual siguen ahí cuando me haya ido.

JORDI MEYA

By Chihuahua es mi tierra

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