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Abr
“Perdieron sus privilegios”, repiten con frecuencia, como si fuera una consigna suficiente para explicar la realidad de un país complejo. Lo dicen con tono de victoria, como si con esa frase se saldara una deuda histórica y, de paso, se justificara cualquier tropiezo del presente. Y entonces, vale la pena detenerse y responder: sí, quizá perdí privilegios… pero no los que creen. Perdí el privilegio de aspirar a un gobierno que, con todos sus errores, entendía la importancia de las instituciones. Perdí el privilegio de creer que el aparato de justicia, aunque imperfecto, avanzaba, aunque fuera lentamente, hacia una mayor…
