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Feb
Anoche en Chihuahua no hubo medias tintas. Lo que se vivió fue una descarga directa de energía, guitarras al frente y un público dispuesto a dejar la voz en cada canción. El escenario, iluminado con verdes intensos y respaldado por una imagen poderosa —ese dragón que parecía custodiar la noche—, marcaba el tono: no sería un concierto más, sería una declaración. Y Grupo Element lo entendió desde el primer acorde. Las guitarras dominaron el espacio. La ejecución fue firme, con presencia y actitud. No hubo titubeos. La banda se plantó con seguridad, proyectando esa combinación de experiencia y hambre que…
