La candidatura que una, no la que divida

Hay una frase que suele repetirse en política: las elecciones no siempre las pierde un partido por la fuerza de su adversario, sino por los errores que comete al momento de elegir a sus candidatos.

Y eso es precisamente lo que debería estar analizando hoy el PAN en Chihuahua capital.

Las encuestas recientes siguen mostrando que Acción Nacional conserva una ventaja importante sobre Morena en una de las plazas históricamente más identificadas con el panismo. Sin embargo, conforme avanza el calendario rumbo a 2027, la discusión ya no gira únicamente en torno a quién encabeza una encuesta, sino a quién tiene la capacidad de ganar una elección constitucional sin cargar un nivel de desgaste que termine convirtiéndose en un problema para el propio partido.

Porque en los tiempos actuales, cada vez pesa menos el color partidista y cada vez pesa más el perfil del candidato.

La ciudadanía ha demostrado en procesos recientes que está dispuesta a votar por personas antes que por siglas. La marca ayuda, pero ya no garantiza triunfos automáticos. Lo que verdaderamente termina inclinando la balanza es la percepción pública, la trayectoria, los resultados y, sobre todo, la ausencia de escándalos que puedan convertirse en una carga durante la campaña.

En ese contexto, algunos de los nombres que hoy aparecen en las mediciones enfrentan desafíos importantes.

El caso de César Jáuregui es uno de ellos.

Su experiencia política es indiscutible. Ha sido diputado, secretario del Ayuntamiento, secretario general de Gobierno y fiscal general del Estado. Sin embargo, precisamente por haber ocupado posiciones de alto perfil, también carga con polémicas que inevitablemente serían explotadas por la oposición durante una campaña. El episodio relacionado con la controversia derivada de operativos binacionales y el desgaste acumulado durante su paso por la Fiscalía representan elementos que, aunque no cancelan sus posibilidades, sí generan negativos que tendrían que enfrentarse en una elección.

Algo similar ocurre con Rafael Loera.

Nadie puede negar que ha construido presencia territorial ni que ha logrado posicionarse como uno de los funcionarios estatales más visibles de la administración. Sin embargo, en los últimos días su nombre apareció en medio de una nueva polémica derivada de un video difundido en redes sociales donde se le vinculó con presuntos pagos a manifestantes. Loera respondió públicamente calificando el material como un video editado y manipulado, negando cualquier relación con ese tipo de prácticas.

Más allá de que las acusaciones sean ciertas o falsas, el problema político es otro.

Cuando un aspirante comienza a dedicar tiempo a defenderse de controversias, el tema deja de ser jurídico y se convierte en electoral. En política, muchas veces la percepción termina teniendo más peso que la explicación.

Por el contrario, existen perfiles que hoy parecen llegar con una carga mucho menor de negativos.

Santiago de la Peña se ha convertido en uno de los casos más interesantes de los últimos meses. Su crecimiento en las encuestas ha sido constante y sostenido, sin necesidad de protagonizar confrontaciones públicas ni polémicas mediáticas. Desde la Secretaría General de Gobierno ha construido una imagen institucional que le ha permitido crecer sin acumular desgaste significativo.

Lo mismo ocurre con Manque Granados.

Su trayectoria administrativa, legislativa y municipal le ha permitido mantener una imagen asociada a resultados más que a conflictos. En un momento donde los ciudadanos parecen valorar la capacidad de gestión por encima del discurso político tradicional, perfiles como el suyo encuentran terreno fértil para crecer.

Y luego están los demás.

Los aspirantes que aparecen en algunas mediciones, participan en eventos, recorren colonias y buscan mantenerse vigentes en la conversación pública, pero que en términos reales parecen tener pocas posibilidades de disputar seriamente la candidatura.

La política también tiene de eso. Hay quienes compiten para ganar y hay quienes compiten para estar presentes en la negociación final.

Por eso el verdadero reto del PAN no será determinar quién tiene uno o dos puntos más en una encuesta.

El reto será identificar quién puede convertirse en una candidatura de unidad.

Porque si algo necesita Acción Nacional rumbo a 2027 es evitar fracturas internas. Morena sigue viendo a Chihuahua capital como una plaza difícil de conquistar, pero también sabe que cualquier división dentro del PAN podría abrir oportunidades que hoy parecen lejanas.

La elección de la candidatura no debería definirse únicamente por popularidad momentánea ni por capacidad de movilización interna.

Debería definirse por quién suma más de lo que resta.

Por quién genera menos resistencias.

Por quién puede unir a los distintos grupos del partido.

Y por quién llega con menos equipaje político al arranque de una campaña.

Porque en una ciudad históricamente panista, la mayor amenaza para el PAN no parece estar afuera.

La mayor amenaza podría ser olvidar que, en los tiempos actuales, los ciudadanos votan cada vez más por la persona y cada vez menos por el partido. Y cuando eso ocurre, el perfil importa tanto como la estructura, la trayectoria tanto como la militancia y la confianza tanto como las siglas. Una candidatura equivocada podría abrir la puerta a una competencia que hoy, para muchos, parece completamente controlada.

Σλ

By Chihuahua es mi tierra

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