El PAN no necesita al más antiguo; necesita al mejor..

Y si para defender una candidatura hay que atacar a Maru, quizá el problema no está en Santiago

Hay algo que comienza a resultar preocupante dentro del PAN de Chihuahua.

La competencia por la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua rumbo a 2027 dejó de ser solamente una disputa entre aspirantes.

Ahora también empieza a convertirse en una batalla contra quien, les guste o no a algunos, sigue siendo la principal figura política del panismo chihuahuense:

Maru Campos.

Y aquí vale la pena detenerse.

Porque una cosa es cuestionar a un aspirante.

Otra, muy distinta, es comenzar a cuestionar a la gobernadora porque supuestamente tiene un favorito.

Y todavía más delicado resulta que algunos que se presentan como defensores de la doctrina, la historia y la identidad panista terminen atacando precisamente a la mujer que ha encabezado al PAN de Chihuahua durante los últimos años y que hoy ocupa la gubernatura del estado.

El supuesto “elegido” que nadie ha elegido

El argumento de quienes atacan a Santiago De la Peña parece sencillo:

“Maru ya decidió”.

“Maru quiere a Santiago”.

“Palacio ya repartió las candidaturas”.

“De la Peña es el candidato de la gobernadora”.

Y a partir de ahí construyen toda una narrativa.

El problema es que hay un pequeño detalle:

la propia Maru Campos ha dicho que no hay una definición.

Después de que en un encuentro panista levantara la mano a Santiago De la Peña, la gobernadora explicó que también lo habría hecho con César Jáuregui, Alfredo Chávez o Alan Falomir si hubieran estado en el mismo lugar. Dijo expresamente que ese gesto no significaba que hubiera un candidato definido.

Entonces, ¿por qué convertir un gesto de unidad en una supuesta imposición?

¿Por qué presentar como decisión tomada algo que oficialmente no existe?

Y, sobre todo:

¿por qué atacar a Maru Campos por una candidatura que todavía no está definida?

La respuesta política parece evidente: porque cuestionar a Santiago no siempre alcanza.

Entonces hay que cuestionar a quien se supone que está detrás de él.

La gobernadora se convirtió en parte del blanco

En las últimas semanas, distintas columnas locales han descrito a Maru Campos como una figura central en la disputa interna del PAN.

Un espacio de opinión llegó a señalar que existe la percepción de que la gobernadora es “el fiel de la balanza” en la definición de la candidatura de la capital.

Otros textos han interpretado sus mensajes públicos como señales hacia los aspirantes.

Y eso es normal en política.

Lo que ya no parece normal es que algunos sectores pretendan convertir esa influencia política en argumento para descalificarla.

Porque si Maru tiene una opinión, está en su derecho de tenerla.

Si considera que Santiago tiene capacidad, también está en su derecho de decirlo.

Si considera que Jáuregui tiene fortalezas, puede reconocerlas.

Si piensa que Manqué tiene posibilidades, puede expresarlo.

Pero eso no significa que la candidatura sea propiedad de la gobernadora.

La decisión tendrá que pasar por el método que establezca Acción Nacional.

Y aquí aparece otra contradicción.

¿No querían un PAN abierto?

El propio PAN de Chihuahua ha hablado de abrirse a la ciudadanía y de valorar perfiles competitivos.

La gobernadora, incluso, se pronunció desde 2025 a favor de que las candidaturas pudieran abrirse a la población y que los ciudadanos participaran en la definición.

Entonces resulta francamente extraño que ahora algunos pretendan que la candidatura se resuelva con base en una especie de examen de antigüedad.

“Yo llevo más años.”

“Yo soy más panista.”

“Yo tengo más historia.”

“Yo conozco a más militantes.”

Todo eso puede tener valor.

Pero no puede convertirse en el criterio absoluto.

Porque la elección no será dentro de un salón del PAN.

Será en las urnas.

Y ahí estarán ciudadanos que jamás han militado en Acción Nacional.

El nuevo argumento: si Santiago es el candidato de Maru, hay que atacar a Maru

Aquí aparece el punto que, a mi juicio, revela una preocupante falta de congruencia.

Si algunos grupos consideran que Santiago De la Peña no debe ser candidato porque no tiene la antigüedad partidista que ellos consideran suficiente, están en su derecho de argumentarlo.

Si creen que César Jáuregui tiene mejor trayectoria, que lo defiendan.

Si consideran que Manqué Granados es la mejor opción, que expliquen por qué.

Pero atacar a Maru Campos para intentar desacreditar a Santiago es otra cosa.

Porque entonces ya no se está defendiendo un proyecto.

Se está utilizando a la gobernadora como blanco político.

Y eso debería preocupar mucho más a los panistas que cualquier encuesta.

La memoria política también cuenta

Hay algo que algunos parecen olvidar.

Maru Campos no llegó a la gubernatura por casualidad.

Es la principal figura electoral del PAN en Chihuahua.

Ha encabezado al panismo en momentos difíciles.

Ha ganado elecciones.

Ha enfrentado a Morena.

Ha mantenido al PAN en el Gobierno del Estado.

Y ha construido una estructura política que hoy todos los aspirantes necesitan.

Por eso resulta paradójico que quienes presumen panismo y lealtad histórica puedan terminar atacando a la propia gobernadora simplemente porque consideran que ella simpatiza con determinado perfil.

¿Dónde quedó la lealtad?

¿Dónde quedó el respeto a la autoridad política?

¿Dónde quedó el agradecimiento?

Y no se trata de decir que un panista tenga que obedecer ciegamente a la gobernadora.

Por supuesto que no.

En democracia se puede discrepar.

Se puede competir.

Se puede cuestionar.

Se puede levantar la voz.

Pero hay una diferencia enorme entre discrepar con Maru y convertir a Maru en enemiga porque no coincide con tus preferencias personales.

El panismo no debería devorarse a sí mismo

Hay una columna local que resumió de manera bastante gráfica el momento actual al hablar de “canibalismo” político dentro del PAN.

Y no es una mala descripción.

Porque mientras el PAN debería estar pensando cómo conservar Chihuahua capital y cómo construir una candidatura competitiva para 2027, algunos grupos parecen más preocupados por destruir al compañero de al lado.

Y ahora incluso por cuestionar a la gobernadora.

Mientras tanto, Morena observa.

Y seguramente sonríe.

Porque cada pleito interno es tiempo que el PAN deja de utilizar para construir una propuesta electoral.

¿Y qué pasa con Santiago?

Santiago De la Peña no necesita que lo defiendan con guerra sucia.

Si quiere ser candidato, debe demostrar que tiene el mejor perfil.

Punto.

De hecho, eso es precisamente lo que él mismo ha sostenido: unidad y apertura para todos los aspirantes. En julio declaró que su proyecto está abierto a todos y que no debería existir una narrativa de confrontación entre quienes buscan una candidatura.

Y ahora, ante los recientes ataques, denunció que la guerra sucia se ha intensificado e incluso ha involucrado a integrantes de su familia.

Ahí está la diferencia.

Si alguien considera que Santiago no merece la candidatura, que lo enfrente políticamente.

Que demuestre que otro tiene mejores números.

Que demuestre que otro tiene mayor capacidad.

Que demuestre que otro tiene más posibilidades de ganar.

Pero que no invente.

Que no difame.

Que no fabrique invitaciones.

Que no ataque a su familia.

Y mucho menos que ataque a la gobernadora para intentar hacerle daño a Santiago.

La antigüedad no es una candidatura

Éste es el verdadero debate.

El PAN tiene todo el derecho de reconocer a sus militantes históricos.

Debe hacerlo.

Pero reconocer la trayectoria no significa regalar candidaturas.

Porque una candidatura no es una medalla por antigüedad.

Es una responsabilidad frente a los ciudadanos.

Si el candidato ideal tiene 40 años en el PAN, adelante.

Si tiene 30, adelante.

Si tiene 15, adelante.

Si tiene cinco, también.

Y si resulta ser un ciudadano sin militancia partidista que cumple con las reglas, tiene respaldo social y demuestra ser el más competitivo, también debe ser considerado.

Eso no destruye al PAN.

Eso es precisamente abrirlo.

Jesús Valenciano acaba de plantear públicamente esa lógica: que Acción Nacional debe apostar por perfiles prácticos, preparados, con conocimiento y posibilidades reales, sin convertir la antigüedad partidista en el único criterio.

Y tiene sentido.

Porque los años en un partido no administran una ciudad.

La capacidad sí.

Que se mida a todos

¿Quién tiene mayor respaldo?

Que se mida.

¿Quién tiene mayor reconocimiento?

Que se mida.

¿Quién puede ganar?

Que se mida.

¿Quién tiene menos negativos?

Que se mida.

¿Quién puede sumar ciudadanos que hoy no votan por el PAN?

Que se mida.

¿Quién tiene experiencia para gobernar?

Que se evalúe.

¿Quién tiene un proyecto serio?

Que lo presente.

Pero que todos compitan bajo las mismas reglas.

Eso es piso parejo.

No que uno tenga derecho porque lleva 30 años.

No que otro quede fuera porque viene de otro partido.

No que otro sea favorito porque tiene una relación personal con determinado dirigente.

Y tampoco que uno sea descalificado porque la gobernadora considera que tiene cualidades.

Maru no necesita que la defiendan con pleitos; necesita que respeten su liderazgo

Aquí hay otra paradoja.

Quienes más presumen defender al PAN deberían entender que debilitar públicamente a su principal figura política no fortalece al partido.

Lo debilita.

Porque si mañana el PAN necesita que Maru salga a pedir el voto por el candidato, será muy difícil explicar por qué hoy algunos de sus propios simpatizantes la convierten en blanco de ataques.

La política también tiene memoria.

Y la lealtad no consiste en estar de acuerdo con todo.

Consiste en no destruir aquello que dices defender.

Que no confundan competencia con traición

César Jáuregui tiene derecho a competir.

Santiago De la Peña tiene derecho a competir.

Manqué Granados tiene derecho a competir.

Alfredo Chávez tiene derecho a competir.

Todos quienes cumplan las reglas deben tener derecho a competir.

Pero ninguno debería tener derecho a destruir al partido en el proceso.

Y aquí vale recordar algo que la propia Maru Campos ha repetido: quienes aspiran a cargos deben presentar resultados y evitar golpes bajos. Ese mensaje lo expresó desde 2025 al hablar de quienes buscaban posiciones rumbo a 2027.

Eso debería ser suficiente.

El verdadero panismo se demostrará en 2027

No se demostrará con la credencial más antigua.

Ni con la fotografía más vieja.

Ni con quién conoce a más dirigentes.

Ni con quién tiene más grupos en redes sociales.

Mucho menos atacando a los compañeros.

El verdadero panismo se demostrará cuando llegue el momento de cerrar filas.

Porque si gana Jáuregui, quienes hoy apoyan a Santiago tendrán que respaldarlo.

Si gana Santiago, los seguidores de Jáuregui tendrán que respaldarlo.

Si gana Manqué, todos deberán sumarse.

Eso es partido.

Eso es institucionalidad.

Eso es Acción Nacional.

Lo demás es tribu.

Y hay una pregunta que deberían hacerse algunos

Si realmente creen que Santiago no puede ganar…

¿Por qué están tan preocupados por él?

Si realmente creen que César Jáuregui tiene mejores números…

¿Por qué necesitan atacar a Santiago?

Si realmente creen que la militancia está con ellos…

¿Por qué necesitan atacar a Maru?

Y si realmente creen que la antigüedad es el argumento definitivo…

¿Por qué temen que la ciudadanía decida?

Tal vez porque una cosa es sentirse dueño de una candidatura dentro de un grupo y otra muy distinta convencer a miles de ciudadanos.

Ahí está la verdadera prueba.

Que gane el mejor, no el más antiguo

Ésta debería ser la única consigna.

Que gane el que tenga el mejor perfil.

El que pueda sumar.

El que pueda convencer.

El que tenga capacidad.

El que tenga resultados.

El que tenga liderazgo.

El que tenga proyecto.

El que tenga menos resistencia.

El que pueda hablarle no solamente a los panistas, sino a toda la sociedad.

Y si ese candidato resulta ser César Jáuregui, que gane.

Si resulta ser Santiago De la Peña, que gane.

Si es Manqué Granados, que gane.

Si es otro, que gane.

Pero que gane por sus méritos.

No porque destruyó al adversario.

No porque fue el que más atacó.

No porque tuvo más años de militancia.

Y mucho menos porque logró convertir a la gobernadora en el enemigo de una batalla que ni siquiera ha terminado.

Porque hay una verdad que algunos parecen olvidar:

Maru Campos no es el problema de la candidatura.

La guerra interna sí puede convertirse en el problema del PAN.

Y si quienes se dicen panistas terminan atacando a la gobernadora, a sus compañeros y a la propia institución que dicen defender, quizá deberían preguntarse si están luchando por Acción Nacional…

o solamente por su propio candidato.

En 2027 la boleta no preguntará quién tiene más años de militancia.

Tampoco preguntará quién ganó la guerra de Facebook.

Ni quién tuvo más columnas a favor.

Ni quién destruyó mejor al adversario.

Preguntará algo mucho más sencillo:

¿Por quién vota usted?

Y esa respuesta no la tendrán los grupos.

La tendrán los ciudadanos.

Ahí se acaba la guerra interna.

Ahí comienza la verdadera elección.

JSL

By Chihuahua es mi tierra

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