Hay algo más peligroso que un político cínico: una sociedad que deja de sorprenderse ante el cinismo de sus políticos.
México parece haber llegado a ese punto.
Aquí puede ocurrir casi cualquier cosa y, después de unos cuantos días de escándalo, indignación en redes sociales y declaraciones incendiarias, todo termina regresando a la normalidad.
El político cuestionado vuelve a aparecer en público.
El funcionario señalado recupera su posición.
El partido que ayer exigía cárcel para sus adversarios hoy encuentra una explicación para los suyos.
Y el ciudadano, cansado, decepcionado o simplemente acostumbrado, termina encogiéndose de hombros.
El caso de Rubén Rocha Moya es un ejemplo extraordi…
