¿Por qué critíco a Morena y a la 4T?

Varias personas me han preguntado por qué diariamente ataco, hablo mal y comparto notas en contra de Morena y la llamada Cuarta Transformación. Y pensando seriamente en una respuesta, quisiera comentar lo siguiente:

No se trata de una fobia política. No es un rencor personal. No es tampoco una postura automática contra todo lo que venga del gobierno. Es una posición crítica frente a un proyecto que prometió transformar al país y que, en muchos aspectos, ha profundizado problemas que juró erradicar.

Desde 2018 hemos vivido una narrativa constante de cambio histórico. Se nos dijo que la corrupción se barrería “como las escaleras, de arriba hacia abajo”. Que la violencia disminuiría atendiendo sus causas. Que la austeridad sería sinónimo de eficiencia. Que la honestidad bastaría para gobernar mejor.

Pero la realidad ha sido más compleja.

¿Cuándo habíamos visto una concentración de poder tan acelerada en el Ejecutivo?
¿Cuándo se descalificaba con tanta ligereza a órganos autónomos, instituciones técnicas y contrapesos constitucionales?
¿Cuándo la crítica periodística era respondida, casi a diario, desde la tribuna presidencial con nombre y apellido?

No se trata de idealizar el pasado. México arrastraba problemas graves desde hace décadas: corrupción estructural, desigualdad, violencia enquistada. Nadie puede negarlo. Pero una cosa es reconocer los males históricos y otra muy distinta es justificar los errores actuales con el argumento de que “antes estaban peor”.

La inseguridad sigue siendo una herida abierta. Hay regiones del país donde el Estado ha perdido control real frente al crimen organizado. Las cifras podrán discutirse, pero la percepción cotidiana de millones de familias es clara: el miedo no se ha ido.

En salud, el experimento institucional dejó más dudas que certezas. Cambios abruptos, desabasto de medicamentos, incertidumbre en la atención. La promesa de un sistema de primer mundo terminó contrastando con testimonios de hospitales rebasados.

En economía, aunque hay indicadores que pueden defenderse, también es cierto que el crecimiento no ha sido el prometido y que la informalidad continúa como refugio obligado para millones.

Pero más allá de los números, lo que me preocupa es el clima político.

La polarización no es nueva en México, pero nunca había sido estimulada con tanta constancia desde el poder. El discurso de “buenos contra malos”, “pueblo contra adversarios”, simplifica la realidad y divide innecesariamente. En democracia, disentir no debería convertirte en enemigo.

Criticar al gobierno no es traicionar al país. Señalar inconsistencias no es desear el fracaso nacional. Exigir transparencia no es estar contra el pueblo.

Mi postura no es anti-México. Es pro-instituciones, pro-equilibrio, pro-legalidad. Creo firmemente que cualquier proyecto político, por legítimo que sea en las urnas, debe rendir cuentas todos los días. El voto no es un cheque en blanco por seis años.

Si comparto notas críticas es porque creo que el poder necesita vigilancia constante.
Si cuestiono decisiones es porque creo que el debate público fortalece a la democracia.
Si incomoda lo que escribo, no es porque exista odio, sino porque existe preocupación.

No aspiro a convencer a todos. Aspiro a que discutamos con argumentos y no con etiquetas. Que podamos disentir sin descalificarnos. Que podamos evaluar resultados sin convertir la política en fe religiosa.

La democracia no se construye con silencios cómodos. Se construye con ciudadanos atentos.

Y mientras considere que el rumbo del país merece ser debatido, seguiré opinando. No por obsesión, sino por convicción.

“Callar ante lo que preocupa no es prudencia, es renuncia”.

ShL

By Chihuahua es mi tierra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like