Chihuahua no caerá en manos de Morena

Desde el centro del país ya comenzaron a vender la narrativa de que Chihuahua será la próxima gran conquista electoral de Morena. En los círculos del oficialismo federal existe la idea de que el desgaste natural de los gobiernos estatales, la fuerza presidencial y la maquinaria de la 4T serán suficientes para pintar de guinda uno de los estados más importantes del norte del país.

Pero hay un problema para Morena: Chihuahua no es cualquier estado. Y todo indica que, lejos de caer en manos del oficialismo, el estado podría convertirse en el principal muro de contención contra el proyecto centralista que domina actualmente México.

La razón es simple: Chihuahua tiene memoria política.

Aquí la gente entiende perfectamente lo que significa enfrentar al poder central. Lo hizo históricamente frente al presidencialismo priista y hoy vuelve a observar con preocupación cómo Morena intenta construir un sistema donde todo dependa de Palacio Nacional: gobiernos subordinados, congresos obedientes, instituciones alineadas y oposiciones debilitadas mediante presión política y mediática.

El caso reciente de la gobernadora Maru Campos es una muestra clara de ello. Lo que debió mantenerse en el terreno institucional rápidamente se transformó en una operación política nacional. Morena y sus operadores intentaron convertir una controversia jurídica en una herramienta de desgaste político, elevando el tono mediático y buscando instalar la percepción de un escándalo mayor.

Sin embargo, el resultado ha sido exactamente el contrario.

Los ataques federales terminaron fortaleciendo la percepción de que Chihuahua está siendo presionado desde el centro por razones políticas más que jurídicas. Y cuando el poder federal intenta intervenir de esa manera, el electorado chihuahuense suele reaccionar cerrando filas alrededor de su autonomía.

Eso explica por qué Morena todavía no logra consolidar una mayoría política real en el estado pese a la enorme fuerza nacional que presume.

Porque Chihuahua tiene una composición distinta al sur del país. Aquí existe una cultura económica basada en el trabajo, la industria, el emprendimiento y el esfuerzo individual. El discurso de dependencia social y concentración del poder no conecta igual que en otras regiones donde Morena ha construido su base electoral mediante programas clientelares y estructuras corporativas.

Además, el morenismo chihuahuense enfrenta un problema interno que cada vez resulta más evidente: no tiene liderazgo sólido ni identidad propia.

Muchos de sus principales perfiles provienen de otros partidos, arrastran confrontaciones internas o representan proyectos personales antes que una verdadera visión de estado. Morena en Chihuahua ha crecido más por el arrastre presidencial que por mérito local. Y conforme el fenómeno nacional comienza a desgastarse, también empiezan a aparecer las fracturas internas.

La fallida movilización del pasado 16 de mayo dejó una señal importante: la narrativa de confrontación permanente ya no entusiasma como antes. La ciudadanía empieza a cansarse del discurso basado únicamente en ataques, polarización y descalificación.

Mientras tanto, la oposición en Chihuahua parece haber entendido algo fundamental: la elección del 2027 no será una competencia tradicional, sino una defensa política del modelo de estado que Chihuahua quiere seguir siendo.

Porque lo que está en juego no es solamente un partido político. Está en juego la permanencia de contrapesos, la autonomía frente al poder federal y la capacidad de Chihuahua para seguir tomando decisiones propias sin obedecer instrucciones desde la Ciudad de México.

Morena apuesta a que el desgaste natural del tiempo le entregue el estado. Pero podría estarse topando con una realidad distinta: cada ataque federal, cada intento de presión política y cada operación mediática terminan fortaleciendo la idea de que Chihuahua debe seguir siendo un territorio de resistencia frente al centralismo.

Por eso la afirmación empieza a escucharse cada vez con más fuerza en distintos sectores políticos y sociales del estado:

Chihuahua no caerá en manos de Morena.

No por casualidad.
No por inercia.
Sino porque una parte importante de la sociedad chihuahuense ha comenzado a entender que, cuando un gobierno concentra demasiado poder, recuperarlo después puede costar generaciones enteras.

Σλ

By Chihuahua es mi tierra

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