Hay un error que todos los partidos políticos cometen una y otra vez. Lo han hecho durante años y, a juzgar por el rumbo que está tomando la carrera rumbo a la elección de 2027, todo indica que volverán a repetirlo.
Creen que la elección se gana hablando únicamente con quienes ya están convencidos.
Morena le habla a Morena. El PAN le habla al PAN. El PRI le habla al PRI. Movimiento Ciudadano hace lo propio con sus simpatizantes. Cada conferencia de prensa, cada gira, cada publicación en redes sociales y cada discurso parecen diseñados para recibir el aplauso de los propios y la descalificación de los adversarios.
Es una política de burbujas.
Una conversación donde todos hablan, pero muy pocos escuchan.
Mientras tanto, las encuestas siguen mostrando un dato que debería preocupar, y ocupar, a todos los aspirantes: alrededor de uno de cada seis chihuahuenses aún no decide por quién votará. Es un porcentaje suficiente para inclinar la balanza hacia cualquier proyecto político y, probablemente, para definir quién gobernará el estado durante los próximos seis años.
Paradójicamente, ese es el grupo al que menos atención le prestan.
Porque los indecisos no llenan auditorios vestidos del mismo color, no organizan caravanas, no defienden candidatos en redes sociales ni viven pendientes de la política todos los días.
Pero existen.
Y votan.
Me incluyo entre quienes podríamos llamar “candidatistas”. No porque seamos indiferentes a la política, sino porque creemos que el voto debe ganárselo la persona, no el partido. Porque estamos convencidos de que ningún color garantiza un buen gobierno y de que la confianza debe construirse con trabajo, capacidad y resultados.
Quizá por eso muchos ciudadanos empezamos a sentir un profundo cansancio frente a los discursos que hoy dominan la contienda.
Estamos cansados de quien pretende construir toda su imagen alrededor de su vida personal, como si eso bastara para gobernar un estado.
Estamos cansados del político que habla como si fuera el único dueño de la verdad y tratara a quien piensa distinto como si estuviera equivocado por definición.
Estamos cansados de quien parece haber convertido la crítica permanente a la gobernadora en el eje de su discurso, como si señalar errores fuera suficiente para demostrar que se tiene la capacidad para gobernar mejor.
También de quien recorre un municipio asegurando que ya nadie puede detenerlo, confundiendo el entusiasmo de sus simpatizantes con el respaldo de toda la sociedad.
Y podríamos seguir agregando ejemplos.
Porque el problema no tiene colores.
Unos viven descalificando al adversario. Otros se marean con el respaldo de los mismos grupos de siempre. Hay quienes creen que una encuesta favorable equivale a una victoria y quienes piensan que llenar un salón significa haber conquistado el corazón de los ciudadanos.
La realidad suele ser mucho más compleja.
Mientras ellos libran una batalla por demostrar quién grita más fuerte, quienes seguimos sin decidir nuestro voto esperamos algo mucho más sencillo.
Queremos escuchar cómo piensan resolver la inseguridad.
Cómo garantizarán el acceso al agua.
Qué harán para atraer inversiones y generar empleos mejor pagados.
Cómo fortalecerán la educación, la salud, el campo y la infraestructura.
Qué proyectos tienen para Chihuahua y no únicamente qué opinan del rival.
Porque al ciudadano común le interesa muy poco quién ganó la discusión del día en Facebook o quién respondió con mayor dureza en una conferencia de prensa.
Lo que realmente quiere saber es quién tiene la capacidad de hacer que su familia viva mejor dentro de seis años.
La historia electoral demuestra que las campañas no siempre las ganan quienes tienen la militancia más disciplinada ni quienes generan más ruido en redes sociales. Muchas veces las define ese ciudadano que escucha a todos, compara propuestas y decide su voto en silencio, sin compromisos con ningún partido.
Ese elector no busca candidatos perfectos.
Busca candidatos preparados.
No espera frases virales.
Espera soluciones posibles.
No quiere que le vendan una historia personal.
Quiere conocer un proyecto de gobierno.
Tal vez ahí está la gran oportunidad para todos los aspirantes rumbo a 2027.
Dejar de hablarles únicamente a los convencidos y empezar a convencer a quienes todavía esperan una razón para creer.
Porque el partido más grande de Chihuahua no tiene presidente estatal, no organiza consejos políticos, no reparte candidaturas ni celebra victorias anticipadas.
Su dirigencia está integrada por ciudadanos que todavía no entregan su confianza a nadie.
Y cuando llegue el día de la elección, no serán los aplausos de los mítines, ni las porras, ni los comentarios en redes sociales los que decidan el futuro del estado.
Serán esos ciudadanos que hoy siguen esperando escuchar, por fin, menos propaganda y más propuestas.
Ellos, los indecisos, volverán a tener la última palabra.
