El estate quieto!

En política no siempre manda quien más grita. A veces basta una sola declaración para desarmar una campaña completa. Eso ocurrió esta semana cuando la gobernadora Maru Campos fijó una postura que terminó por enfriar una polémica que algunos habían intentado convertir en un escándalo político.

La discusión comenzó tras el video publicado por la directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud (ICHIJUV), Fernanda Martínez, en el que expresó públicamente simpatía por el secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña, rumbo al proceso interno que el PAN vivirá para definir a su candidato a la alcaldía de Chihuahua.

 

La reacción fue inmediata. Diversos espacios informativos cuestionaron si una servidora pública podía expresar una preferencia política. Otros fueron más lejos y exigieron su renuncia, argumentando una supuesta falta de imparcialidad.

Entre quienes elevaron el tono destacó el regidor juarense Alejandro Alberto Jiménez Vargas, quien publicó en sus redes sociales que “el mejor acto de congruencia” sería que Fernanda Martínez presentara su renuncia. Su mensaje se difundió ampliamente… hasta que desapareció.

Y es aquí donde la historia cambia.

La gobernadora Maru Campos decidió abordar el tema sin rodeos. Su mensaje fue sencillo, pero contundente: cada quien es libre de manifestar su apoyo. No hubo reprimenda para Fernanda Martínez ni anuncio de sanciones. Por el contrario, la mandataria dejó claro que expresar una simpatía política no constituye, por sí mismo, una falta.

 

Con esa declaración ocurrió algo interesante.

Muchos de quienes durante horas exigían consecuencias guardaron silencio. Otros moderaron el discurso. Y algunos, como el propio regidor Jiménez Vargas, optaron por borrar sus publicaciones.

La política también tiene esos momentos incómodos.

Porque cuando el liderazgo fija una posición clara, quienes habían apostado por una narrativa distinta quedan expuestos.

Reducir toda esta historia a un video sería quedarse en la superficie.

Lo verdaderamente importante es el trasfondo.

Desde hace varios meses resulta evidente que la competencia interna del PAN por la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua ha comenzado mucho antes de los tiempos formales.

En esa carrera aparecen distintos perfiles con legítimas aspiraciones.

Sin embargo, alrededor de Santiago de la Peña parece haberse construido una dinámica distinta.

Cada muestra de respaldo que recibe termina convertida en motivo de polémica.

Cada fotografía genera interpretaciones.

Cada declaración provoca reacciones desproporcionadas.

Y eso difícilmente puede considerarse casualidad.

La política suele enseñar que los ataques más efectivos no siempre provienen de la oposición.

Muchas veces nacen dentro de casa.

Lo ocurrido con Fernanda Martínez deja entrever precisamente esa lógica.

En lugar de debatir proyectos o perfiles, algunos actores parecen concentrados en desacreditar cualquier expresión que fortalezca la percepción de crecimiento político de Santiago de la Peña.

El mensaje parece ser claro: impedir que se consolide antes incluso de que exista una convocatoria interna.

Lo preocupante es cuando en esa estrategia participan servidores públicos que, en teoría, deberían privilegiar la institucionalidad sobre las disputas de grupo.

Porque una cosa es tener preferencias políticas, algo perfectamente legítimo, y otra muy distinta utilizar la responsabilidad pública para alimentar guerras internas.

Lo paradójico es que el intento terminó produciendo el efecto contrario.

El debate nacional y estatal dejó de centrarse en Fernanda Martínez para enfocarse en la respuesta de la gobernadora.

Y la respuesta favoreció justamente el principio que sus críticos intentaban desconocer: la libertad de expresión política.

El llamado de Maru Campos no fue únicamente una defensa hacia una funcionaria de su administración.

Fue también un mensaje hacia quienes parecen empeñados en convertir cualquier manifestación de apoyo en motivo de linchamiento político.

La gobernadora recordó que la competencia interna debe resolverse mediante reglas, no mediante campañas de presión.

En política conviene medir bien cada movimiento.

Cuando se intenta golpear a un adversario interno sin calcular el contexto, el riesgo es terminar fortaleciéndolo.

Eso parece haber ocurrido esta semana.

Quienes pretendían exhibir a Fernanda Martínez terminaron enfrentando un “estate quieto” político desde el nivel más alto del gobierno estatal.

Y algunos, quizá conscientes de ello, decidieron retirar discretamente sus publicaciones de redes sociales.

Porque borrar un mensaje nunca elimina el hecho de que existió.

Al contrario.

En ocasiones, confirma que el cálculo político fue equivocado.

La carrera rumbo a 2027 apenas comienza. Si algo dejó esta polémica es una enseñanza para todos los grupos internos del PAN: las diferencias son inevitables, pero convertirlas en campañas de descalificación anticipada puede terminar generando exactamente el efecto contrario al buscado. En política, el fuego amigo suele dejar más cicatrices que los ataques de la oposición.

Σλ

By Chihuahua es mi tierra

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