Hay momentos en los que las decisiones se anuncian con discursos y otros en los que simplemente comienzan a reflejarse en los hechos. Chihuahua parece estar viviendo precisamente esa segunda etapa.
Las últimas semanas han estado marcadas por un incesante desfile de columnas políticas, comentarios de café y análisis que apuntan prácticamente hacia una misma dirección: el proyecto político que hoy gobierna el estado estaría entrando en la fase definitiva para definir a quienes encabezarán la sucesión de 2027.
La fotografía que dibujan muchos analistas es cada vez más nítida.
Marco Bonilla aparece como el perfil con mayores posibilidades para convertirse en el candidato del PAN a la gubernatura del estado, mientras que para la presidencia municipal de Chihuahua capital el nombre que con mayor insistencia se menciona es el de Santiago de la Peña.
No se trata de un anuncio oficial. Tampoco de una decisión formal del partido. Pero cuando distintas voces comienzan a coincidir durante varios días consecutivos, difícilmente puede calificarse como simple casualidad.
En ese escenario también aparece un protagonista que se niega a abandonar la competencia: César Jáuregui.
Nadie puede cuestionar su trayectoria política ni el peso específico que ha construido durante décadas dentro del panismo chihuahuense. Ha ocupado prácticamente todos los cargos relevantes y conserva un grupo importante de simpatizantes.
Sin embargo, la política moderna no suele decidirse únicamente por los méritos acumulados.
También pesan los proyectos, las alianzas y, sobre todo, la visión de quien conduce el gobierno.
Diversos analistas sostienen que, si efectivamente existe ya una ruta definida desde Palacio de Gobierno, insistir en modificarla podría terminar convirtiéndose en una batalla con pocas posibilidades de éxito.
No porque César Jáuregui carezca de capacidad política, sino porque las decisiones estratégicas rara vez se construyen únicamente alrededor de una persona.
Cuando un gobierno busca preservar un proyecto de largo plazo, normalmente privilegia perfiles que considera más adecuados para complementar la siguiente etapa.
Y es precisamente ahí donde Santiago de la Peña ha venido creciendo.
Como secretario general de Gobierno ha adquirido exposición pública, ha encabezado negociaciones complejas, ha defendido la agenda estatal y ha ido construyendo un perfil que hace apenas unos meses parecía lejano para competir por la capital.
Hoy ya nadie lo considera un actor secundario.
Al contrario.
Cada encuesta, cada columna y cada movimiento interno lo colocan con mayor frecuencia dentro de las conversaciones centrales del panismo.
Mientras tanto, el PRI también observa cuidadosamente el desarrollo de los acontecimientos.
Si la alianza electoral se mantiene para 2027, difícilmente el priismo buscará confrontar una decisión que permita conservar la unidad del bloque opositor frente a Morena.
El cálculo político para el PRI parece claro: negociar posiciones competitivas dentro de una coalición sólida resulta mucho más rentable que provocar una fractura en el momento decisivo.
Porque al final, la verdadera disputa no parece encontrarse entre PAN y PRI.
La batalla está dentro del propio PAN.
Y toda elección interna tiene un momento en que la competencia deja de fortalecer y comienza a desgastar.
Si efectivamente existe ya una definición política en torno a Marco Bonilla para la gubernatura y Santiago de la Peña para Chihuahua capital, prolongar el debate sólo beneficiaría al adversario que observa desde enfrente.
La historia reciente demuestra que las divisiones internas suelen costar más elecciones que las campañas del partido contrario.
Todavía falta la decisión oficial.
Todavía pueden presentarse movimientos inesperados.
Pero en política, como en el ajedrez, muchas veces la partida queda definida varios movimientos antes del jaque mate.
Y hoy, las piezas parecen estar acomodándose para que el tablero del oficialismo estatal tenga dos nombres al frente: Marco Bonilla rumbo a Palacio de Gobierno y Santiago de la Peña rumbo al Palacio Municipal.
La última palabra aún no se pronuncia.
Pero cada día son más quienes consideran que la decisión, en los hechos, ya comenzó a escribirse.
