Hay personas que uno conoce por el cargo que ocupan. A ti tuve la oportunidad de conocerte mucho antes de que el cargo más importante de Chihuahua llegara a tus manos.
Por eso esta no pretende ser una columna sobre la gobernadora.
Quiero hablar de Maru.
De la mujer que comenzó a abrirse camino en la política cuando todavía nadie podía imaginar hasta dónde llegaría. De esa mujer que, desde aquellos años anteriores al 2000, fue construyendo una carrera a fuerza de trabajo, carácter y perseverancia.
Porque si algo ha distinguido a Maru Campos a lo largo de los años es precisamente eso: su carácter.
No es una mujer que se rinda fácilmente.
Y tampoco es una mujer que haya construido su carrera de la noche a la mañana.
Su trayectoria comenzó mucho antes de llegar al Palacio de Gobierno. Pasó por la Secretaría de Gobernación, fue diputada federal, delegada de Liconsa, colaboró en la Comisión Federal de Electricidad y posteriormente llegó al Congreso local. En 2016 hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta municipal de Chihuahua capital y posteriormente consiguió la reelección. En 2021 ganó la candidatura del PAN y después la elección constitucional para convertirse en la primera gobernadora de Chihuahua.
Son más de dos décadas de carrera pública.
Pero los cargos solamente cuentan una parte de la historia.
La otra está en la personalidad.
Maru es una mujer que puede ser afectuosa y cercana, pero también profundamente firme cuando considera que algo está en juego. Es alguien que aprendió a defender sus convicciones y que, quizá por eso mismo, nunca ha sido una figura cómoda para todos.
Y aquí está una de las claves para entender su trayectoria.
Maru nunca ha pasado inadvertida.
Ha tenido adversarios, ha recibido críticas y ha enfrentado momentos políticos difíciles. Pero también ha demostrado una capacidad poco común para resistir y continuar.
Esa capacidad de resistencia forma parte de su historia.
Y también de su gobierno.
Una gobernadora que dejó su sello
Cuando llegó a la gubernatura en 2021, Chihuahua no recibió simplemente a una nueva administración.
Recibió a la primera mujer en ocupar el máximo cargo político del estado.
Y desde entonces su gobierno ha construido una agenda que abarca seguridad, infraestructura, salud, desarrollo económico y atención social.
En su quinto informe de resultados, por ejemplo, su administración anunció una inversión cercana a 5 mil millones de pesos en infraestructura durante 2026, incluyendo obras en Chihuahua capital, Ciudad Juárez y distintos municipios del estado.
En seguridad, el Gobierno estatal reporta una inversión cercana a 4 mil millones de pesos en equipamiento y dignificación policial durante la administración, además de una reducción del homicidio doloso durante 2026.
También existe una estrategia de coordinación entre corporaciones estatales, Fiscalía, Ejército y Guardia Nacional que el gobierno ha mantenido como uno de sus principales ejes.
Se puede discutir cada cifra.
Se pueden cuestionar decisiones.
Se pueden tener opiniones distintas sobre su gobierno.
Eso forma parte de la democracia.
Pero resulta difícil negar una cosa:
Maru Campos ha dejado una huella política profunda en Chihuahua.
Y para mí, después de haber observado su trayectoria durante tantos años, esa huella la coloca entre los personajes políticos más importantes que ha producido el estado en las últimas décadas.
Incluso me atrevo a ir más lejos:
Para mí, Maru Campos es la/el mejor gobernadora/or que ha tenido Chihuahua.
No pretendo que sea una verdad absoluta ni que todos tengan que compartirla.
Es mi valoración después de observar su trayectoria, su manera de enfrentar los momentos difíciles y la forma en que ha asumido la responsabilidad de gobernar un estado tan complejo como Chihuahua.
Y entonces aparece 2030
Aquí hay algo que tampoco puede ignorarse.
Durante años, sus adversarios han intentado convertirla en blanco de ataques políticos.
Y una pregunta resulta inevitable:
¿por qué tanta insistencia?
Mi lectura personal es sencilla:
porque algo ven en ella que les incomoda.
Ven a una mujer que ha sobrevivido políticamente durante más de dos décadas.
Ven a una gobernadora que llegó al poder en un estado fundamental para el PAN y que se ha convertido en una de las figuras más visibles de la oposición al proyecto de Morena.
Y quizá algunos empiezan a ver algo más.
Una posibilidad hacia 2030.
No significa que exista hoy una candidatura definida.
No significa que Maru haya decidido buscarla.
Ni significa que el futuro electoral pueda darse por escrito desde ahora.
Pero sí significa que su nombre ya aparece dentro de las conversaciones políticas nacionales sobre el futuro del PAN. Esa dimensión nacional se ha hecho más visible durante 2026, particularmente a partir de las confrontaciones políticas que han colocado a Chihuahua y a su gobernadora en el centro de la discusión.
Y entonces surge una paradoja:
quienes intentan disminuirla pueden estar contribuyendo a hacerla más visible.
Cada confrontación aumenta el interés.
Cada ataque coloca nuevamente su nombre en la conversación.
Cada intento por convertirla en un problema político termina recordándole a muchos que existe una gobernadora con personalidad propia, con una trayectoria larga y con una posición claramente identificada dentro de la política nacional.
Tal vez eso sea precisamente lo que algunos ven.
Tal vez por eso incomoda.
La mujer antes que el cargo
Pero después de todo esto, hay algo que no quiero perder de vista.
Antes de la gobernadora estaba Maru.
La mujer.
La amiga.
La mujer de carácter fuerte, pero también sensible.
La mujer que ha tenido momentos difíciles y ha tenido que levantarse.
La mujer que llegó a la política cuando todavía tenía todo por demostrar.
La mujer que recorrió el camino desde los primeros espacios de participación política hasta convertirse en la primera gobernadora de Chihuahua.
Y quizá ahí está la explicación de su permanencia.
Porque los cargos pueden abrir puertas.
Las elecciones pueden llevarte al poder.
Los partidos pueden postularte.
Pero ninguna de esas cosas puede fabricar carácter.
El carácter se construye con los años.
Y eso es precisamente lo que ha hecho Maru Campos.
Por eso esta carta no es solamente para la gobernadora.
Es para aquella mujer que estaba ahí mucho antes de que Chihuahua la conociera como gobernadora.
A la mujer que ha tenido que luchar por cada posición que ha ocupado.
A la mujer que ha soportado críticas, adversidades y momentos difíciles.
Y a la mujer que hoy, quiera o no, ya forma parte de una conversación mucho más grande que Chihuahua.
El tiempo dirá qué viene después.
O simplemente el final de un gobierno y una nueva etapa de su vida.
Eso todavía no está escrito.
Pero hay algo que sí está escrito:
Maru Campos ya dejó su nombre en la historia política de Chihuahua.
Y después de tantos años de conocerla, puedo decirlo sin necesidad de esperar al final de su carrera:
la historia de Maru todavía no termina.
Y quizá eso sea precisamente lo que más incomoda a quienes llevan tantos años intentando verla caer.
