2027: la sucesión que ya comenzó..

La elección de 2027 todavía no empieza formalmente, pero la sucesión política de Chihuahua ya está produciendo efectos.

No son solamente encuestas. Son movimientos, posicionamientos, rupturas, alianzas que empiezan a tensarse y grupos que comienzan a medir hasta dónde llega su fuerza.

Morena y el PAN enfrentan problemas distintos. El primero tiene que resolver quién encabezará su proyecto para la gubernatura y cómo evitar que esa decisión fracture su relación con sus aliados. El segundo debe procesar una competencia interna cada vez más visible, particularmente en Chihuahua capital, donde ya aparecen nombres, mediciones y movilización ciudadana.

La sucesión, en otras palabras, ya dejó de ser una conversación de futuro.

En Morena, la disputa entre Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez concentra buena parte de la atención. Las encuestas publicadas durante los últimos meses han mostrado resultados diferentes, aunque varias han colocado a Pérez Cuéllar por delante. Una medición de CE Research de julio, por ejemplo, reportó una ventaja amplia del alcalde juarense con licencia sobre la senadora.

Pero el problema para Morena no termina en decidir entre dos nombres.

El Partido Verde ha expresado respaldo a Pérez Cuéllar y el PT ha mostrado cercanía con Chávez. Esta semana, el dirigente petista Reginaldo Sandoval incluso abrió públicamente la posibilidad de que su partido compita por separado y dé cabida a perfiles inconformes con las decisiones de Morena, mencionando expresamente a Andrea Chávez.

Eso introduce una variable que hace algunos meses parecía secundaria.

La definición de Morena podría tener consecuencias sobre la propia coalición.

No es lo mismo resolver una candidatura que conservar un bloque electoral.

Si el candidato reúne al partido pero deja inconformes a sus aliados, la negociación continúa. Si además alguno de esos aliados decide competir por separado, la elección adquiere otra configuración.

Mientras Morena enfrenta ese dilema, el PAN llega a la sucesión desde una posición diferente.

Maru Campos sigue siendo el principal referente del panismo desde el Gobierno del Estado y su administración constituye el contexto político en el que se construirán las candidaturas de 2027. No existe, hasta ahora, una definición pública de su parte sobre cada una de las candidaturas municipales; sin embargo, su peso político dentro del partido es un dato que difícilmente puede ignorarse.

La propia dinámica del PAN muestra que el proceso ya comenzó a organizarse. Marco Bonilla aparece como el perfíl central para la candidatura a gobernador, mientras la atención se ha desplazado hacia la disputa por la alcaldía de Chihuahua.

Y ahí Santiago de la Peña dejó de ser solamente uno de los nombres que circulaban.

Una medición de SRC difundida en septiembre lo colocó con 30.3% entre las preferencias para una eventual candidatura panista a la alcaldía de Chihuahua, por encima de otros perfiles que también han estado en la conversación.

Una encuesta no entrega candidaturas.

Pero sí modifica los cálculos internos.

El fenómeno adquirió otra dimensión el pasado sábado, cuando más de tres mil personas se reunieron en la Arena Corner Sport en un encuentro encabezado por De la Peña. Las coberturas del evento reportaron presencia de militantes panistas y ciudadanos sin afiliación partidista, alrededor de la convocatoria para conformar un frente ciudadano.

Aquí conviene separar las cosas.

Una medición y una concentración no miden lo mismo. La primera registra preferencias en una muestra; la segunda muestra capacidad de convocatoria en un momento determinado.

Pero cuando ambas señales aparecen alrededor del mismo personaje, resulta lógico que la competencia interna comience a adquirir mayor intensidad.

Y eso es justamente lo que ha ocurrido.

De la Peña ha recibido críticas públicas de perfiles del propio PAN que no coinciden con su eventual candidatura. Luis Villegas Montes, por ejemplo, ha cuestionado abiertamente su trayectoria y el proceso mediante el cual se está construyendo su posicionamiento, además de cuestionar que el partido abra candidaturas a perfiles externos.

El debate no es menor.

Porque detrás de las críticas personales aparece una discusión mucho más importante: qué PAN quiere llegar a 2027 y quién debe tener la última palabra para escoger a sus candidatos.

Ese debate también explica las reacciones alrededor de los métodos internos.

La competencia siempre genera inconformidades. Lo que importa políticamente es si esas diferencias pueden procesarse dentro del partido o terminan provocando rupturas.

Alejandro Jiménez ofrece un ejemplo reciente.

Después de 18 años de militancia, el regidor de Ciudad Juárez dejó el PAN y anunció que continuaría como regidor ciudadano. Las partes han ofrecido versiones diferentes sobre las causas de la ruptura, pero el efecto político es concreto: Acción Nacional perdió a su único regidor partidista en el Cabildo juarense.

No significa que el PAN haya perdido una elección.

Pero sí demuestra que las disputas internas pueden tener consecuencias que van más allá de una discusión entre dirigentes y militantes.

Ese es uno de los grandes asuntos que tendrá que resolver Acción Nacional antes de 2027.

Porque hoy tiene una competencia interna, pero también una oportunidad electoral que no debería desperdiciar.

La encuesta de SRC que colocó a De la Peña al frente entre los aspirantes también registró 47.1% de preferencia partidista para el PAN en Chihuahua capital, frente a 38.3% para Morena.

Es una fotografía, no un resultado.

Los números pueden cambiar.

Los candidatos también.

Pero una fotografía favorable obliga a cuidar aquello que la produjo.

Y ahí aparece el verdadero desafío panista: competir sin destruir la posibilidad de sumar después.

De la Peña necesita algo más que aparecer arriba en las encuestas y reunir personas en un evento. Necesita construir acuerdos con sectores que hoy no están con él y convencer a quienes cuestionan su perfil de que una eventual candidatura puede ser un proyecto suficientemente amplio.

Los otros aspirantes enfrentan exactamente el mismo reto.

Nadie llega solo a una elección constitucional.

Del otro lado, Morena enfrenta una dificultad diferente. Tiene dos figuras con capacidad de movilización, pero también una tensión creciente entre sus aliados y una decisión que puede modificar el equilibrio de todo el bloque.

Por eso la sucesión de Chihuahua comienza a dibujarse con dos historias paralelas.

Morena tiene que resolver una candidatura sin romper una coalición.

El PAN tiene que resolver una competencia interna sin romper su unidad.

Y en ambos casos la palabra clave será la misma: capacidad de sumar.

Todavía falta tiempo para conocer candidaturas, alianzas definitivas y reglas completas. Las encuestas cambiarán y seguramente aparecerán nuevos nombres.

Pero algunas cosas ya están ocurriendo.

Morena ya tiene una disputa abierta.

El PT ya hizo público que contempla escenarios propios.

El PAN ya comenzó a ordenar su proceso.

Santiago de la Peña ya aparece como un factor relevante en las mediciones y acaba de mostrar capacidad de convocatoria.

Y dentro del propio PAN ya hay voces de peso que apoyan su eventual candidatura.

Eso es precisamente lo que ocurre cuando una sucesión deja de ser una especulación y empieza a convertirse en una competencia política.

2027 todavía está lejos en el calendario. En Chihuahua, sin embargo, ya comenzó.

JSL

By Chihuahua es mi tierra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like