Chihuahua 2027: campañas ilegales, poder público y la elección que ya se está torciendo

En Chihuahua, la elección de 2027 no ha comenzado oficialmente… pero en la práctica ya está en marcha. Y lo más preocupante no es el adelanto, sino la forma.

Hoy, la política estatal se mueve en una zona gris donde los aspirantes hacen todo lo que la ley prohíbe… sin decir lo único que los sancionaría: “vota por mí”.

Porque la legislación es clara: los actos anticipados de precampaña y campaña están prohibidos cuando se realizan fuera de los tiempos establecidos o cuando implican promoción personalizada con fines electorales
Sin embargo, lo que ocurre en Chihuahua es justamente eso… solo que mejor disfrazado.

La creatividad política ha sustituido a la legalidad.

Hay quienes organizan funciones de lucha libre, conciertos y eventos masivos “sociales”, donde casualmente aparece el mismo personaje en lonas, micrófonos y redes sociales. No piden el voto, pero construyen identidad electoral.

Otros optan por la política de élite: reuniones privadas, fotos con empresarios, equipos bien vestidos y narrativa aspiracional. Selfie tras selfie, construyen percepción de liderazgo sin ensuciarse en territorio real.

Y están los más cuestionados: los que ya operan campañas completas con espectaculares, brigadas y presencia digital intensiva, sin explicación clara del origen de los recursos. No es propaganda… pero se parece demasiado.

En Morena, la actividad es constante y visible.

Cruz Pérez Cuéllar mantiene una agenda territorial activa desde su posición como alcalde, con presencia permanente en colonias y eventos. Paralelamente, Andrea Chávez ha construido posicionamiento a través de exposición mediática y redes sociales, incluso en medio de señalamientos por presuntos actos anticipados

A este escenario se suma la influencia operativa de estructuras vinculadas al gobierno federal, lo que convierte la contienda interna en un proceso activo, aunque no reconocido formalmente.

En el PAN, la línea entre función pública y proyección política también es cada vez más delgada.

Marco Bonilla aparece como uno de los perfiles mejor posicionados rumbo a la gubernatura, respaldado por niveles de reconocimiento en la capital e incluso por proyecciones internas y alianzas políticas

Sin embargo, su presencia constante en agenda pública, eventos y territorio también lo coloca dentro de esta dinámica de promoción anticipada.

Otros perfiles como César Jáuregui y Santiago de la Peña han incrementado su visibilidad, en medio de versiones, análisis y menciones constantes en medios y redes sociales.

Si la gubernatura ya se mueve, el Ayuntamiento de Chihuahua capital no se queda atrás.

La ciudad se ha convertido en un laboratorio político donde funcionarios, legisladores y cuadros partidistas han intensificado recorridos, en colonias y actividad pública.

Desde el oficialismo municipal hasta la oposición, los movimientos son evidentes: estructuras que se activan, agendas que se cargan de eventos y una narrativa constante de cercanía ciudadana.

No hay candidatos, pero ya hay competencia.

En el PRI, la estrategia es menos visible pero no inexistente. La reorganización territorial y el reciclaje de cuadros forman parte de una lógica que apuesta a capitalizar el desgaste de los partidos dominantes.

Movimiento Ciudadano, por su parte, busca posicionar perfiles con presencia mediática, aunque con menor estructura territorial.

A este escenario se suma un elemento clave: las encuestas.

En las últimas semanas, distintos ejercicios han circulado en medios y redes sociales, mostrando resultados contrastantes. Algunos colocan a ciertos perfiles en la delantera; otros modifican completamente el escenario.

La frecuencia y disparidad de estos estudios han abierto cuestionamientos sobre su papel: si son instrumentos de medición o herramientas para influir en la percepción pública.

En los hechos, forman parte de la contienda.

El punto central no es quién va arriba o quién tiene más presencia.

El problema es que la competencia ya no es equitativa.

Hay quienes cuentan con cargos públicos, estructuras gubernamentales o acceso a recursos que les permiten posicionarse con ventaja. Otros operan desde lo privado, con estrategias menos visibles pero igualmente activas.

Y en medio de todo, la autoridad electoral prácticamente ausente.

Chihuahua se encamina a una elección donde el desgaste podría llegar antes que las campañas formales.

Una contienda definida no solo por propuestas o perfiles, sino por quién logró posicionarse antes, con más recursos y con mayor capacidad de operar en los márgenes de la ley.

Porque hoy, en el estado, la regla no escrita parece ser clara:

No gana quien hace mejor campaña.
Gana quien empieza antes… aunque no deba.

Terminó Semana Santa, ahí vamos de nuevo..

Σλ

By Chihuahua es mi tierra

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