Mucho golpe, cero propuestas

Hay políticos que parecen haber encontrado una fórmula sencilla para hacer campaña: criticar al adversario, cuestionarlo todo y ofrecer muy poco a cambio.

Mucho micrófono, mucha declaración, mucho mensaje en redes sociales y, al final, una pregunta que sigue sin respuesta:

¿Y ustedes qué proponen?

Porque criticar no cuesta. Proponer sí.

La crítica permite señalar desde la comodidad de la oposición. Una propuesta, en cambio, obliga a explicar cómo se pretende resolver un problema, cuánto costará, de dónde saldrán los recursos y, sobre todo, a comprometerse con un resultado.

Ésa debería ser una de las principales discusiones rumbo a 2027.

En Morena aparecen Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez entre los perfiles que buscan posicionarse rumbo a la gubernatura y que han sido críticos del gobierno de Maru Campos.

Están en su derecho.

Pero precisamente porque aspiran a gobernar Chihuahua, también deben aceptar que los ciudadanos revisen su trayectoria y sus resultados en las responsabilidades públicas que han desempeñado.

Cruz Pérez Cuéllar tiene actualmente la experiencia de encabezar el gobierno municipal de Ciudad Juárez. Andrea Chávez ha desarrollado su actividad política desde el Congreso de la Unión.

Eso significa que ambos tienen algo que otros aspirantes todavía no pueden presentar: una trayectoria pública que puede ser evaluada.

Y ahí es donde la discusión debería ponerse interesante.

No solamente preguntar qué piensan de Maru Campos, sino:

¿Qué hicieron cuando tuvieron responsabilidad pública?

¿Qué resultados pueden presumir?

¿Qué problemas resolvieron?

¿Qué programas impulsaron?

¿Qué harían diferente?

Porque decir que un gobierno está equivocado es sencillo.

Demostrar que uno puede hacerlo mejor es otra cosa.

Si la estrategia de seguridad no les convence, presenten la propia.

Si consideran insuficiente la inversión, expliquen cómo atraerían más.

Si cuestionan las obras, propongan cuáles deberían construirse.

Si tienen otra visión para Chihuahua, pónganla sobre la mesa.

Eso es hacer política.

Lo demás corre el riesgo de convertirse simplemente en campaña negativa.

Y dentro de Morena también existe una alternativa que vale la pena observar: el profesor Martín Chaparro.

En un escenario donde algunos aspirantes llegan con mayor exposición y, por consecuencia, con mayor cantidad de cuestionamientos públicos, Chaparro podría tener una ventaja política importante: un perfil menos desgastado.

A veces, en una elección, no solamente pesa lo que un candidato promete.

También pesa lo que los ciudadanos conocen de él.

Del lado del PAN tampoco debería perderse de vista el mismo principio.

Hay panistas que han decidido cuestionar con particular intensidad a Maru Campos y Santiago de la Peña. La crítica interna es legítima y necesaria en cualquier partido democrático.

Pero una crítica responsable debería venir acompañada de una alternativa.

Si consideran equivocada una decisión, expliquen cuál sería la correcta.

Si cuestionan una estrategia, presenten otra.

Si aspiran a ocupar un cargo, expliquen qué harían desde él.

Porque golpear no es un proyecto político.

Y si se habla de Santiago de la Peña, no puede ignorarse que su desempeño como secretario general de Gobierno, responsable de la conducción de la política interna y de la relación institucional con los distintos actores del estado, debe evaluarse por resultados. Desde esa responsabilidad ha participado en la coordinación entre poderes y niveles de gobierno, en la atención de asuntos políticos y en el fortalecimiento institucional. El propio Gobierno del Estado reporta acciones de coordinación interinstitucional, mientras que De la Peña ha defendido públicamente una línea de trabajo basada en acuerdos, diálogo y resultados. Por eso, quienes lo cuestionan tienen todo el derecho de hacerlo, pero también deberían explicar qué harían mejor y qué resultados pueden poner sobre la mesa desde su propia trayectoria pública.

Tampoco lo es golpear a la gobernadora.

Y mucho menos convertir las diferencias internas en el centro de una estrategia personal.

Además, quienes han ocupado responsabilidades públicas deben estar dispuestos a que su propio desempeño sea revisado con el mismo rigor con el que cuestionan a los demás.

Eso es parejo.

Eso es democracia.

Y justamente aquí aparece un contraste que vale la pena observar: Marco Bonilla ha venido construyendo su posicionamiento político desde la exposición de acciones y resultados de su administración, no únicamente desde el enfrentamiento con sus adversarios.

En su quinto informe, por ejemplo, presentó resultados en seguridad, infraestructura, desarrollo económico, educación, servicios públicos y finanzas municipales. Entre los datos reportados están la atracción de inversión extranjera, nuevas obras viales, fortalecimiento de la Policía Municipal y avances en el Presupuesto Participativo.

Eso no significa que Bonilla sea intocable ni que todo lo realizado deba aprobarse sin discusión.

Significa algo mucho más sencillo: si alguien quiere promocionar su figura política, hay una diferencia entre hacerlo con fotografías y discursos, y hacerlo poniendo resultados sobre la mesa para que los ciudadanos los evalúen.

Ésa es la clase de competencia que debería existir.

Que cada aspirante ponga sobre la mesa su trayectoria.

Sus resultados.

Sus propuestas.

Y que el ciudadano compare.

Y ése debería ser el estándar para todos.

No se trata de defender a Maru Campos, a Marco Bonilla, a Santiago de la Peña, a Cruz Pérez Cuéllar, a Andrea Chávez o a cualquier otro personaje.

Se trata de defender algo mucho más importante:

el derecho de los ciudadanos a conocer propuestas y comparar resultados.

Porque Chihuahua no necesita candidatos que simplemente enumeren problemas que todos conocemos.

Necesita candidatos capaces de explicar cómo los van a resolver.

No necesitamos otro político diciendo:

“Eso está mal”.

Queremos escuchar:

“Esto está mal, ésta es mi propuesta, así la voy a ejecutar y éstos son los resultados que me comprometo a entregar”.

Ahí comienza la diferencia entre la crítica y el liderazgo.

Porque cualquiera puede señalar un incendio.

Lo difícil es apagarlo.

Y tampoco nos confundamos con las campañas de imagen.

A los electores no nos importa si un político tiene cinco, diez, veinte o cien perros y gatos. Tampoco nos define su afición deportiva, la fotografía simpática que publique o la estrategia utilizada para mostrarse cercano.

Eso puede servir para conocer al personaje.

Pero no demuestra capacidad para gobernar.

Al elector le interesa su trayectoria.

Sus resultados.

Sus decisiones.

Su preparación.

Su patrimonio y desempeño público cuando corresponda conocerlos.

Y, sobre todo, quiere un político con currículum transparente, cuentas claras, propuestas concretas y una trayectoria que pueda ser revisada sin esconderse detrás de la propaganda.

Porque en 2027 no vamos a elegir al mejor influencer.

Vamos a elegir a quien tendrá en sus manos una parte fundamental del futuro de Chihuahua.

Por eso la pregunta debe ser la misma para todos, sin importar partido, apellido o aspiración:

Después de criticar al gobierno y al adversario, ¿qué tienes para ofrecerle a Chihuahua?

Si hay proyecto, discutámoslo.

Si hay propuestas, comparémoslas.

Si hay resultados, evaluémoslos.

Pero si solamente hay ataques, entonces no estamos frente a una alternativa.

Estamos frente a una campaña.

Y Chihuahua merece algo mucho más serio que eso.

Menos golpe.
Menos ruido.
Más propuestas.
Más resultados.

Porque criticar a todos es fácil.

Lo difícil, y lo que realmente importa, es demostrar que se puede gobernar mejor.

JSL

By Chihuahua es mi tierra

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