El PAN tiene que dejar los berrinches y cerrar filas

Hay un momento en toda competencia política en el que los aspirantes tienen que entender que una cosa es disputar una candidatura y otra muy distinta poner en riesgo la unidad del partido que pretende llevarlos al poder.

El PAN de Chihuahua está llegando justamente a ese punto.

Y sería un error enorme que las ambiciones personales terminaran haciendo el trabajo que Morena no ha podido hacer por sí mismo.

Porque hoy Acción Nacional tiene frente a sí un escenario que debería obligar a todos sus grupos a actuar con responsabilidad: las mediciones recientes muestran al partido encabezando las preferencias en la capital y a Santiago de la Peña ocupando el primer lugar entre los perfiles panistas.

La encuesta de SRC levantada el 8 de septiembre coloca a De la Peña con 30.3%, seguido por César Jáuregui con 23.3%, Manque Granados con 16.9% y Rafa Loera con 12.8%. En la misma medición, el PAN aparece con 47.1% de preferencia partidista contra 38.3% de Morena.

Días antes, Massive Caller también colocó a De la Peña en el primer sitio, con 27.2%, por encima de Manque Granados, César Jáuregui y Rafa Loera. 

Es decir, podrá discutirse la metodología, el margen de error o la fotografía específica de cada encuesta, pero existe un dato que ya no parece circunstancial: Santiago de la Peña está creciendo y hoy aparece consistentemente entre los primeros lugares.

Y eso parece estar cambiando el comportamiento de algunos grupos.

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Aquí es donde el panismo debería tener cuidado.

César Jáuregui y Rafa Loera tienen todo el derecho de aspirar a la candidatura. Nadie debería cuestionarles ese derecho.

Pero una cosa es competir y otra es comportarse como si la candidatura fuera una propiedad personal que, si no les corresponde, justifica la confrontación.

Ahí es donde comienza a aparecer lo que algunos dentro del PAN empiezan a percibir como un berrinche político.

Porque mientras las encuestas cambian y Santiago de la Peña comienza a consolidarse, algunos sectores parecen más preocupados por pelear dentro del PAN que por construir una alternativa frente a Morena.

Y ese sería el peor de los caminos.

El PAN no necesita precandidatos que condicionen su compromiso con el partido a que ellos sean los elegidos.

Necesita aspirantes capaces de decir: voy a competir, voy a convencer y, si no me toca, voy a trabajar por el que resulte candidato.

Eso es madurez política.

Lo contrario es convertir una aspiración personal en una amenaza para el proyecto colectivo.

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También hay otra pregunta que empieza a aparecer inevitablemente en la conversación política.

¿Quién tiene realmente el respaldo de las estructuras que decidirán el rumbo del PAN?

Porque hasta ahora, públicamente, no existe una definición formal de la candidatura a la alcaldía.

Y el propio secretario de Elecciones del CEN del PAN, Luis Olmedo, ha señalado que todos los aspirantes son competitivos y que la opinión de la gobernadora tiene un peso relevante en el proceso.

Por eso sería irresponsable afirmar que determinado aspirante “no tiene la venia” de la gobernadora o de la dirigencia nacional como si existiera una decisión formal.

Pero también sería ingenuo no observar la realidad política.

Los respaldos se construyen con presencia, trabajo, estructura, cercanía y capacidad de convocatoria.

Y en ese terreno Santiago de la Peña está mostrando algo que resulta difícil ignorar.

Este sábado reunió a más de 3 mil personas, entre militantes panistas y ciudadanos sin partido, en un encuentro en el que habló de unidad, participación ciudadana y propuestas para Chihuahua. 

No es solamente la fotografía.

Es la cantidad de personas que están comenzando a aparecer alrededor de un proyecto.

Y eso, en política, también comunica.

La diferencia está en cómo se compite

Hay otra diferencia que vale la pena señalar.

Mientras algunos aspirantes han optado por participar en actividades institucionales del PAN, como Rafa Loera, quien acudió con su equipo a una activación partidista, o César Jáuregui, quien también participó en actividades de Acción Nacional,  De la Peña ha concentrado buena parte de su actividad reciente en encuentros propios con ciudadanos, escuchando necesidades y planteando propuestas.

Y ahí existe una diferencia política importante.

Los eventos del PAN son del PAN.

No son propiedad de ningún precandidato.

Cuando Acción Nacional convoca a una activación, a una jornada ciudadana o a una actividad partidista, todos los panistas están invitados.

Convertir esos eventos institucionales en escaparate personal sería un error, independientemente de quién lo haga.

Porque el partido tiene que estar por encima de los aspirantes.

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Y aquí aparece una ironía.

Algunos grupos del PAN empiezan a comportarse exactamente como aquello que critican de Morena.

Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar llevan meses protagonizando una competencia interna que ha evidenciado las diferencias entre los distintos grupos morenistas que buscan encabezar el proyecto rumbo a 2027.

El PAN no debería copiar esa dinámica.

No tendría sentido criticar a Morena por dividirse y después hacer exactamente lo mismo dentro de Acción Nacional.

Porque si César Jáuregui o Rafa Loera consideran que tienen la mejor propuesta, que la presenten.

Que recorran colonias.

Que hablen con los ciudadanos.

Que convenzan a los panistas.

Que presenten resultados.

Pero que no conviertan la inconformidad por una encuesta desfavorable o por una eventual decisión partidista en una guerra interna.

Porque eso solamente beneficia al adversario.

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Hay algo que también merece ser reconocido como parte de esta competencia.

Hasta ahora, la ruta pública que ha mostrado Santiago de la Peña ha estado concentrada fundamentalmente en construir su propio proyecto.

Escuchar.

Recorrer.

Dialogar.

Presentar propuestas.

Sumar gente.

En su encuentro de este sábado, por ejemplo, planteó temas concretos como seguridad, agua, servicios públicos, salud, educación, infraestructura y oportunidades para los jóvenes.

Y lo más importante: su discurso volvió a centrarse en sumar y no en descalificar a los otros aspirantes.

Eso no significa que una encuesta determine una candidatura.

Tampoco significa que De la Peña tenga asegurada la nominación.

La decisión corresponde al PAN y el proceso todavía no concluye.

Pero sí significa que existe una tendencia política que sería absurdo ignorar.

Cada vez hay más personas alrededor de su proyecto.

Y cuando un aspirante comienza a crecer mientras otros concentran buena parte de su energía en la disputa interna, la diferencia empieza a ser evidente.

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El PAN de Chihuahua debería entender algo elemental.

El adversario electoral no está dentro del partido.

Los adversarios políticos están afuera.

Por eso, si Acción Nacional quiere conservar su posición en Chihuahua y evitar que Morena avance, tendrá que llegar unido al proceso de 2027.

No puede darse el lujo de que un grupo diga:

“Si no va el mío, entonces no apoyo.”

Porque esa lógica termina destruyendo cualquier partido.

Hoy el PAN tiene una ventaja que las propias mediciones registran.

La encuesta de SRC le da 47.1% de preferencia en Chihuahua capital frente a 38.3% de Morena. 

Esa ventaja no es un cheque en blanco.

Y tampoco garantiza una elección.

Es simplemente una fotografía del momento.

Pero precisamente por eso resulta absurdo que los propios panistas se dediquen a pelear entre ellos.

Todavía están a tiempo.

César Jáuregui puede competir.

Rafa Loera puede competir.

Manque Granados puede competir.

Santiago de la Peña puede competir.

Todos tienen derecho a levantar la mano.

Pero llegará el momento en que el PAN tendrá que elegir.

Y cuando llegue ese momento, habrá que saber quiénes entienden que el proyecto es más grande que la candidatura.

Porque si quienes no resulten favorecidos deciden hacerle la guerra al propio PAN, terminarán pareciéndose demasiado a aquello que dicen combatir.

Y quizá esa sea la verdadera prueba de madurez política para todos los aspirantes:

ganar la candidatura sin dividir al partido; y, si no la ganan, tener la grandeza de trabajar para que Acción Nacional gane la elección.

Porque Chihuahua no necesita otro partido enfrascado en una guerra interna.

Necesita un PAN unido.

Y si Morena quiere entrar a Chihuahua, que tenga que enfrentarse a un partido unido, no a un partido que se haya derrotado a sí mismo antes de llegar a las urnas.

JSL

By Chihuahua es mi tierra

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