¿Y ahora sí te acuerdas de mí?

El verdadero carácter de un servidor público no se conoce durante la campaña, sino cuando ya tiene el cargo en las manos.

Cada vez que se acerca un proceso electoral ocurre el mismo fenómeno. El teléfono vuelve a sonar. Llegan los mensajes. Aparecen las invitaciones para tomar un café. Los saludos se vuelven más efusivos y las sonrisas parecen multiplicarse. De pronto, quienes durante años fueron inaccesibles descubren que existes.

Es el milagro de las campañas.

Porque hay políticos que solo recuerdan a la gente cuando necesitan de ella. Mientras buscan el voto son cercanos, atentos y amables. Después, muchos se convierten en personajes rodeados de asistentes, agendas imposibles y filtros que parecen diseñados para impedir cualquier contacto con el ciudadano.

No todos, por supuesto.

Pero sí los suficientes para que la ciudadanía haya aprendido a distinguir entre la cercanía auténtica y la que dura exactamente lo que dura una campaña.

Algunos terminan creyéndose auténticas estrellas de rock. No porque llenen estadios, sino porque actúan como si fueran intocables. Hay que pedir cita con semanas de anticipación para saludarlos cinco minutos. Contestar un mensaje se vuelve un privilegio. Regresar una llamada parece un favor extraordinario. Y si no representas un beneficio político, económico o mediático, simplemente dejas de existir.

Lo más preocupante es que muchos ni siquiera se dan cuenta de que esa actitud termina alejándolos de la realidad.

El poder tiene una extraña capacidad para construir burbujas. Alrededor del funcionario aparecen personas que solo le dicen lo que quiere escuchar. Todo parece marchar de maravilla. Todos aplauden. Todos sonríen. Todos aseguran que es el mejor.

Hasta que llega la elección.

Y entonces descubren que quienes realmente votan son aquellos ciudadanos a los que dejaron esperando una llamada, una reunión o simplemente un saludo.

Lo escribo porque me ha tocado vivirlo.

No hablo desde la especulación ni desde el resentimiento. Hablo desde la experiencia.

Durante años he tenido la oportunidad de conocer a muchos actores de la vida pública. He visto cómo algunos, cuando buscan una candidatura, hacen hasta lo imposible por acercarse. Contestan el teléfono a cualquier hora, responden mensajes en minutos y hacen sentir que cada persona es importante.

Pero también he visto cómo esa actitud desaparece apenas llegan el cargo, la oficina y el poder.

Lo digo porque me pasó.

Me tocó escuchar promesas de “luego te marco” que nunca llegaron. Me tocó descubrir que algunos políticos solo conocen dos tipos de personas: las que pueden servirles… y las demás.

Esa realidad, lejos de decepcionarme, me enseñó a observar algo mucho más importante que un discurso o una encuesta: la congruencia.

Hoy, cuando escucho a alguien preguntarme por qué me inclino más hacia ciertos perfiles que hacia otros, la respuesta es muy sencilla.

Porque valoro a quien sigue siendo la misma persona cuando no hay campaña.

A quien entiende que responder un mensaje no disminuye su investidura.

A quien puede caminar por una colonia sin sentirse una celebridad.

A quien comprende que el poder no convierte a nadie en alguien superior, sino en alguien con una responsabilidad mayor.

En Chihuahua hay ciudadanos que ya no se dejan impresionar por los grandes eventos, los espectaculares o las campañas perfectamente diseñadas. Cada vez son más los que observan cómo se comporta un político cuando nadie lo está grabando, cuando no hay elecciones a la vuelta de la esquina y cuando una conversación no representa un beneficio inmediato.

Ahí está la verdadera diferencia.

Porque la cercanía no se improvisa.

No aparece seis meses antes de una elección.

No nace de una estrategia de mercadotecnia.

Es una forma de ser.

Y esa forma de ser termina pesando mucho más que cualquier discurso.

Los cargos pasan. Las campañas terminan. Los reflectores se apagan.

Pero la memoria de la gente permanece.

Y cuando llega el momento de decidir, muchos recuerdan algo tan sencillo como poderoso: quién estuvo cuando no necesitaba el voto… y quién solo se acordó de ellos cuando volvió a necesitarlo.

Σλ

By Chihuahua es mi tierra

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