09
Mar
Este 8 de marzo de 2026, las calles de Chihuahua y Ciudad Juárez vuelven a teñirse de morado. No es un gesto simbólico ni una tendencia global replicada por inercia. Es, más bien, una expresión de cansancio social frente a una deuda histórica que el Estado mexicano —y particularmente Chihuahua— aún no logra saldar: la violencia contra las mujeres y la persistente impunidad. Desde la década de los noventa, cuando los feminicidios de Ciudad Juárez colocaron al estado bajo la mirada internacional, Chihuahua se convirtió en un referente doloroso de esta crisis. Han pasado gobiernos, administraciones municipales, legislaturas y reformas…
