La marcha de Morena en Chihuahua terminó convirtiéndose en el retrato más claro de lo que hoy representa la llamada Cuarta Transformación: acarreo, confrontación, propaganda y una profunda desconexión con la realidad de los ciudadanos. Lo que pretendía ser una demostración de fuerza terminó exhibiendo debilidad, rechazo social y desesperación política. Diversos medios nacionales documentaron la baja convocatoria, los abucheos y la ausencia de respaldo ciudadano genuino.
El problema para Morena no fue solamente que la marcha no prendió. El verdadero problema es el momento político en el que ocurrió. Mientras en Chihuahua intentaban llenar calles con camiones y consignas recicladas, a nivel nacional seguían creciendo las versiones, investigaciones y señalamientos relacionados con personajes de Morena ligados al crimen organizado y bajo presión de autoridades estadounidenses. El caso Sinaloa ya dejó de ser un escándalo local; se convirtió en una bomba política internacional.


Y justo ahí está el fondo del asunto.
La marcha del sábado 16 de mayo no fue una movilización ciudadana. Fue un distractor político. Mientras la opinión pública comienza a cuestionar la cercanía de figuras morenistas con estructuras criminales y mientras Estados Unidos aumenta la presión sobre actores políticos mexicanos, Morena intentó fabricar en Chihuahua una narrativa de persecución política contra la gobernadora Maru Campos. Pero el tiro les salió por la culata.


Las imágenes de camiones trasladando simpatizantes, las denuncias de acarreo y la evidente falta de entusiasmo terminaron confirmando lo que muchos ya perciben: Morena no logra conectar con Chihuahua porque Chihuahua no comparte la cultura política del sometimiento clientelar.
Resultó particularmente reveladora la presencia de varios personajes impresentables de la política morenista, operadores reciclados y dirigentes cuya imagen pública está marcada más por el escándalo que por resultados. La nueva dirigencia encabezada por Ariadna Montiel llegó prometiendo “trayectorias impecables”, pero la realidad termina alcanzando a un movimiento cada vez más asociado con el caos, la polarización y las sospechas de corrupción.


Mientras Morena gritaba “¡Fuera Maru!”, lo que realmente quedó expuesto fue el miedo de un partido que comienza a resentir el desgaste nacional. Porque Chihuahua, a diferencia de otros estados, mantiene una ciudadanía crítica, productiva y difícil de manipular. Aquí la gente trabaja, emprende y exige resultados; no responde tan fácilmente al discurso de odio ni al espectáculo permanente.
Y aunque la izquierda radical intenta construir enemigos para sobrevivir políticamente, la realidad es que la administración de Maru Campos sigue conservando respaldo en amplios sectores sociales precisamente porque Chihuahua ha logrado mantener estabilidad institucional en medio de un país cada vez más polarizado.


La 4T apostó a convertir Chihuahua en un escenario de confrontación nacional. Pero olvidaron un detalle fundamental: este estado históricamente rechaza los intentos de imposición política disfrazados de movimiento popular.
La fallida marcha dejó algo claro este fin de semana: Morena podrá movilizar camiones, propaganda y operadores… pero sigue sin poder entrar verdaderamente al corazón político de Chihuahua.


Porque Chihuahua no se dobla ante el chantaje político ni ante los espectáculos armados desde el poder federal. Aquí la ciudadanía distingue entre una protesta legítima y una operación de acarreo disfrazada de movimiento social. Y mientras Morena pretendía venir a imponer narrativas, terminó exhibiendo sus propias fracturas, sus personajes impresentables y el desgaste de un proyecto político cada vez más cuestionado dentro y fuera del país.
Quisieron venir a Chihuahua a golpear políticamente a la gobernadora Maru Campos, convertirla en blanco nacional y mostrar músculo donde no lo tienen. Pero el resultado fue exactamente el contrario: se toparon con un estado que no compra amenazas ni campañas de odio.


Se quisieron meter con Maru Campos… y salieron muy raspados.
Porque podrán intentar entrar con propaganda, presión y acarreados, pero hay algo que Morena todavía no entiende:
A Chihuahua no entran.
